Los rostros de la ola | Helios Ruíz
Por: Helios Ruíz
Las elecciones también se leen por las caras de quienes ganan. Y las que dejó la noche del 3 de noviembre en Estados Unidos cuentan una historia que ninguna campaña podría haber diseñado mejor: en el año de las deportaciones masivas, de los discursos contra los migrantes y de la sospecha permanente hacia quien es distinto, los electores llevaron al poder a un grupo de personas que, hace apenas unos años, habrían parecido improbables.
En Nuevo México, Deb Haaland, integrante del pueblo Laguna y exsecretaria del Interior, se convirtió en la primera mujer indígena electa para gobernar un estado en la historia del país. En California, Xavier Becerra, hijo de inmigrantes mexicanos, será el primer latino elegido en las urnas para gobernar el estado más poblado de la Unión. En Texas, Gina Hinojosa derrotó al gobernador Greg Abbott y será la primera latina al frente del estado y la primera demócrata en ocuparlo desde los años noventa, cuando gobernó Ann Richards.
En el mismo estado, James Talarico, que hizo campaña con carteles que decían “Ama a tu prójimo”, será el primer demócrata texano en llegar al Senado desde 1988. Kansas no mandaba a un demócrata al Senado desde 1932, y Adam Hamilton rompió esa racha. Chris Pappas, de Nuevo Hampshire, será el primer hombre abiertamente gay electo senador. Abdul El-Sayed, en Michigan, el primer senador musulmán. Y en Georgia, Keisha Lance Bottoms se convertirá en la primera mujer afroamericana en gobernar cualquier estado.
Detrás de esos nombres hay un movimiento electoral concreto. De acuerdo con la firma Equis, especializada en el voto latino, el respaldo de ese electorado a los demócratas pasó de 55 % en 2024 a 65 % en esta elección, con saltos todavía mayores en estados como Nueva Jersey y Virginia. Es una corrección enorme en apenas dos años, y ocurrió justo entre los ciudadanos que más directamente han vivido las redadas, el endurecimiento migratorio y el discurso que los presenta como amenaza.
Conviene no leer esto como un triunfo exclusivo de un partido. Florida eligió a Byron Donalds, que será el primer gobernador afroamericano del estado y el primer afroamericano republicano en ganar una gubernatura en la historia del país. La diversidad no fue una bandera de un solo lado; fue el reflejo de un electorado que ya no se parece al que muchos estrategas siguen imaginando cuando diseñan sus mensajes.
Lo más interesante, desde la comunicación política, es cómo ganaron varios de ellos. Talarico, por ejemplo, no rehuyó el lenguaje de la fe que la derecha estadounidense había convertido en territorio propio. Lo disputó. Tomó una de las frases más conocidas del cristianismo y la puso al servicio de un mensaje de inclusión. Es una lección que vale para toda América Latina: las palabras no pertenecen a nadie, pertenecen a quien logra darles sentido frente a los votantes. Cuando un candidato abandona un símbolo, otro lo ocupa.
Sin embargo, la representación no es una política pública. Que una mujer indígena gobierne Nuevo México o que un hijo de migrantes mexicanos gobierne California es un mensaje poderoso, pero el mismo electorado que hoy los celebra votó, ante todo, por el costo de vida. Casi nueve de cada diez votantes dijeron que ese tema pesó de forma decisiva en su decisión. Si estos nuevos liderazgos se quedan en el símbolo y no entregan resultados en lo cotidiano, la próxima ola podría ir en dirección contraria, y con la misma fuerza.
La noche electoral dejó una fotografía que vale la pena guardar. Un país que durante dos años escuchó desde el poder que la diferencia era un peligro respondió eligiendo precisamente a quienes encarnan esa diferencia. No fue un acto de corrección política, fue un mensaje. La pregunta ahora es si quienes ganaron sabrán convertir ese mensaje en gobierno, o si la historia los recordará solo por haber sido los primeros.
Resumen y contexto
Resumen (clic para ver)
Los rostros de la ola | Helios Ruíz Por: Helios Ruíz Las elecciones también se leen por las caras de quienes ganan. Y las que dejó la noche del 3 de noviembre en Estados Unidos cuentan una historia que ninguna campaña podría haber diseñado mejor: en el año de las deportaciones masivas, de los discursos contra los migrantes y de la sospecha permanente hacia quien es distinto, los electores llevaron al poder a un grupo de personas que, hace apenas unos años, habrían parecido improbables. En Nuevo México, Deb Haaland,…










