Ni Mamdani ni Lula vienen en frasco | Helios Ruíz
Por: Helios Ruíz
En las próximas semanas veremos aparecer, en redes sociales y en salas de juntas de toda América Latina, una nueva generación de diapositivas. Tendrán títulos como “El método Mamdani para ganar desde cero” o “Las claves de la remontada de Lula”. Las presentarán consultores y consultoras con mucha seguridad y poca obra, y prometerán a candidatos ansiosos replicar en su estado, su provincia o su municipio lo que funcionó en Nueva York o en Brasil. Conviene advertirlo desde ahora: son espejitos.
No porque esas campañas no merezcan estudiarse. Al contrario, son dos de los casos más interesantes de los últimos años. Zohran Mamdani pasó de ser un diputado estatal poco conocido a alcalde de Nueva York con más de la mitad de los votos. Construyó una de las operaciones territoriales municipales más grandes de la historia moderna: más de 100 mil voluntarios y alrededor de tres millones de puertas tocadas. A eso sumó una producción de video tan creativa como sencilla. Explicó el voto preferencial en hindi usando vasos de lassi de mango, entrevistó en la calle a votantes de Trump y grabó mensajes en español. Todo giró alrededor de una sola idea, el costo de vida, repetida con disciplina hasta el último día.
Lula, por su parte, logró algo que ningún candidato presidencial había conseguido en Brasil desde que existe la segunda vuelta: ganar después de terminar segundo en la primera. Su campaña dejó de defender los logros del gobierno y pasó a subrayar los riesgos que una victoria de Flávio Bolsonaro representaba para los programas sociales. Reorganizó su presencia digital, apoyada en el “Ejército de Lula”, un canal de WhatsApp coordinado por el diputado André Janones que superó los diez millones de seguidores. Además, llevó esa movilización de las pantallas a las calles. La abstención cayó y Lula sumó más de diez millones de votos nuevos, contra menos de cuatro millones de su rival.
Ahora viene la parte incómoda. Basta poner los dos casos lado a lado para descubrir que no comparten receta, sino casi lo contrario. Mamdani era un retador joven, desconocido para la mayoría, que necesitaba presentarse. Lula es un presidente de 80 años con cuatro décadas de marca política, que necesitaba que el electorado mirara al adversario y no a él. Uno ganó en una ciudad densa, caminable y conectada, con voto preferencial y una red de organizaciones progresistas ya instalada. El otro ganó en un país continental, con voto obligatorio, donde WhatsApp funciona casi como infraestructura pública y donde los aparatos de un gobierno en funciones pesan.
Además, ambos se beneficiaron de errores ajenos que nadie puede programar. Mamdani enfrentó a un Andrew Cuomo que cargaba con su propio desgaste. Flávio Bolsonaro, según los analistas brasileños, se equivocó al entregar su estrategia a Pablo Marçal y al pasearse detrás de Lula en un debate, una imagen que no cayó bien. Por si fuera poco, tuvo que repetir una y otra vez que mantendría los programas sociales, y cada desmentido alimentaba la sospecha que pretendía apagar.
Por eso la pregunta que debe hacerse cualquier candidato no es cómo copiar a Mamdani o a Lula, sino por qué funcionó lo que hicieron. La respuesta es la misma en ambos casos y es menos glamorosa que cualquier video viral. Los dos leyeron con precisión el momento de su electorado, definieron un solo eje de conversación y contaban con una base humana capaz de convertir la atención en votos. El video del lassi de mango no ganó la elección; ganaron los miles de voluntarios que tocaron puertas en barrios donde se hablan decenas de idiomas. El canal de WhatsApp no ganó por sí solo; ganó porque existía una militancia dispuesta a salir de la pantalla.
Un candidato a gobernador en el norte de México, a alcalde en Colombia o a diputado en Argentina que contrate “la estrategia Mamdani” sin tener voluntarios, sin un tema que de verdad duela en su territorio y sin un adversario que se equivoque, solo comprará la parte visible: los videos, los colores, el tono. Es decir, comprará la fachada sin los cimientos. Y cuando la elección se pierda, el consultor dirá que el candidato no supo ejecutar.
En comunicación política, lo que se transfiere son principios, no tácticas. Se puede aprender de Mamdani que la disciplina en un mensaje vale más que diez propuestas. Se puede aprender de Lula que en una segunda vuelta la elección deja de ser sobre uno mismo y pasa a ser sobre el otro. Pero aplicar esos principios exige diagnóstico, encuestas, trabajo de campo y conocimiento del territorio, cosas que no caben en una diapositiva.
Así que la próxima vez que alguien le ofrezca la fórmula del momento, haga una sola pregunta: ¿cuántas elecciones ha ganado usted adaptando, y no copiando? Si la respuesta tarda, ya sabe lo que le están vendiendo.
Helios Israel Ruiz Esparza
Resumen y contexto
Resumen (clic para ver)
Ni Mamdani ni Lula vienen en frasco | Helios Ruíz Por: Helios Ruíz En las próximas semanas veremos aparecer, en redes sociales y en salas de juntas de toda América Latina, una nueva generación de diapositivas. Tendrán títulos como “El método Mamdani para ganar desde cero” o “Las claves de la remontada de Lula”. Las presentarán consultores y consultoras con mucha seguridad y poca obra, y prometerán a candidatos ansiosos replicar en su estado, su provincia o su municipio lo que funcionó en Nueva York o en Brasil. Conviene advertirlo…










