Trump quiere ser invencible, no popular | Luís Rubén Maldonado
Por Luis Rubén Maldonado Alvídrez
El martes próximo Estados Unidos tiene elecciones legislativas, las famosas de “medio término” en las que se renuevan 35 escaños del Senado y la totalidad de la Cámara de Representantes. Está en juego el refrendo al liderazgo de Donald Trump, quien en su historia electoral siempre ha desafiado el axioma político tradicional que equipara la popularidad con la viabilidad electoral, operando bajo una premisa fundamental: el objetivo nunca ha sido agradar a la mayoría, sino ganar las elecciones.
De cara a estos comicios legislativos del próximo 3 de noviembre de 2026, esta tesis enfrenta su prueba más ácida. Con índices de aprobación presidencial que oscilan entre un raquítico 32% y 40%, impulsados a la baja por la inflación y los altos costos del combustible derivados del conflicto en Irán, el Partido Republicano defiende su control en el Congreso. Sin embargo, para entender el comportamiento de la maquinaria trumpista ante este panorama adverso, es necesario apartarse de las encuestas tradicionales y adentrarse en la psicología del poder.
En la reveladora entrevista concedida a José Guinand en el podcast +Q Consultores, el veterano estratega Dick Morris —el único consultor que ha asesorado tanto a Bill Clinton como a Donald Trump— desgranó la anatomía de esta resiliencia política. Morris expone una visión cruda y desmitificadora de la política, donde el “humor social” y los instintos viscerales del electorado superan a cualquier hiper-segmentación digital o métrica de favorabilidad.
El contraste que Morris traza entre Clinton y Trump ilustra a la perfección por qué la impopularidad no paraliza al actual mandatario. Mientras que Clinton era fundamentalmente pesimista y tendía a internalizar las crisis, Trump posee un optimismo abrumador frente al fracaso. Según el estratega, la actitud de Trump ante las bancarrotas, los juicios o los reveses electorales es de una confrontación implacable, buscando siempre “superar y pasar por encima” del problema.
Esta mentalidad blinda a su administración contra el síndrome de “Cero-Héroe”, una condición psicológica descrita por Morris donde los políticos pierden la perspectiva frente al espejo, creyéndose genios invencibles en la victoria o idiotas absolutos en la derrota. Para Trump, la impopularidad actual no es un reflejo de su valía, sino un obstáculo táctico. Su capacidad para detenerse a escuchar a estrategas internos de confianza cuando le señalan un error grave, como afirma Morris, contradice la percepción pública de un líder aislado, revelando a un operador pragmático que ajusta sus piezas cuando la victoria está en riesgo.
La desconexión entre la popularidad y el triunfo electoral se pondrá a prueba este martes. El panorama económico es la prioridad para el 84% del electorado estadounidense. La narrativa ciudadana culpa directamente a las políticas arancelarias de la administración y a la intervención militar en Irán por el encarecimiento de rubros esenciales y el récord en el precio de los combustibles.
Este descontento se traduce en una ventaja sostenida de entre 8 y 10 puntos porcentuales para el Partido Demócrata en las encuestas que utilizaron boleta genérica. Los demócratas amenazan con arrebatar la Cámara de Representantes, donde los republicanos defienden una ajustada mayoría de 218 frente a 214 escaños. En el Senado, aunque los republicanos ostentan 53 curules, enfrentan contiendas sumamente reñidas o empates técnicos en estados como Iowa, Kansas, Ohio y Texas.
A lo largo de su carrera política —desde la victoria en 2016 con altos índices de percepción negativa frente a Hillary Clinton, hasta el empate técnico en favorabilidad con Kamala Harris en 2024—, Trump ha demostrado que puede movilizar a una base sumamente leal que opera independientemente de la opinión pública. Su llamado actual a votar “como si él estuviera en la boleta” busca reactivar esa misma maquinaria en un momento de crisis histórica.
La entrevista en +Q Consultores también desveló la frialdad transaccional con la que se conciben las estrategias en las altas esferas. Morris sugirió que, para forzar un cambio de régimen en Venezuela, la única vía de Donald Trump sería causar un “dolor” extremo a la población —incluyendo hambre y falta de medicinas— para detonar la desesperación. (La entrevista se realizó antes de la captura de Maduro). Estas asociaciones geopolíticas drásticas, sumadas a la advertencia de que el entonces presidente colombiano Gustavo Petro podría convertirse en un “nuevo Maduro”, reflejan una política exterior basada en la confrontación dura, donde las consideraciones humanitarias se subordinan a los objetivos de poder.
Esta misma crudeza aplica a la supervivencia política individual. Morris compara a los políticos tradicionales, que tienen “una sola vida”, con los consultores que, como los gatos, tienen varias. Sin embargo, Trump ha adoptado el perfil del consultor: ha sobrevivido a crisis que habrían aniquilado cualquier otra carrera. La anécdota compartida por Morris sobre el expresidente Álvaro Uribe —quien optó por pagarle el doble a sus guardaespaldas cuando descubrió que los narcotraficantes los habían sobornado para asesinarlo— encapsula el pragmatismo extremo que admiran estrategas como Morris: ante una amenaza letal, la solución no es moral, es matemática y de supervivencia.
El próximo martes, Estados Unidos no votará sobre qué tan agradable le resulta su presidente, sino sobre la viabilidad de sus políticas y el impacto en sus bolsillos. Si el Partido Demócrata recupera el control del Congreso, Trump se enfrentará a dos años de investigaciones, parálisis legislativa y gobernabilidad por decreto. Pero si la historia y los análisis de estrategas como Dick Morris sirven de guía, la maquinaria de Donald Trump ya tiene calculada la ruta para obtener el triunfo, demostrando una vez más que, en el tablero del poder, la impopularidad es apenas un daño colateral en la búsqueda de la victoria.
Para ver el episodio completo con el estratega de Donald Trump, aquí la liga: https://bit.ly/4ir35q6
Resumen y contexto
Resumen (clic para ver)
Trump quiere ser invencible, no popular | Luís Rubén Maldonado Por Luis Rubén Maldonado Alvídrez El martes próximo Estados Unidos tiene elecciones legislativas, las famosas de “medio término” en las que se renuevan 35 escaños del Senado y la totalidad de la Cámara de Representantes. Está en juego el refrendo al liderazgo de Donald Trump, quien en su historia electoral siempre ha desafiado el axioma político tradicional que equipara la popularidad con la viabilidad electoral, operando bajo una premisa fundamental: el objetivo nunca ha sido agradar a la mayoría, sino…










