Desigualdad extrema: amenaza global
Por: @OrlandoGoncal
El Dr.
Russell Hancock, un defensor del regionalismo, líder cívico e impulsor de la
participación comunitaria, señaló en septiembre pasado en un artículo publicado
en el sitio Web Wired, que las cifras sobre el coeficiente de Gini (medida de desigualdad económica utilizada por el
Banco Mundial) en el contexto de Silicon Valley.
Allí evidencia
un salto de 30 a 83 desde los años 90 a la actualidad, funcionando como un
espejo de la realidad global, cada vez más preocupante.
La cifra
específica de 83 es tan alta, incluso para los países más desiguales del mundo,
que Hancock sugiere que estas condiciones de desigualdad extrema son similares
a las que llevaron a la Revolución Francesa, donde la creciente disparidad
económica entre clases sociales provocó un fuerte descontento y, finalmente, un
cambio radical en el orden social y político. El mensaje central de Hancock
resuena con la realidad histórica innegable: la desigualdad económica extrema
es un polvorín social.
Este
aumento significativo en el coeficiente Gini, indica una creciente
concentración de la riqueza en manos de las élites y una merma en la
participación de los estratos más bajos, afectando la prosperidad general; tendencia
que viene afectando en las últimas décadas a la población global.
Por lo
tanto, la desigualdad extrema no es solo un problema económico, es,
fundamentalmente, una crisis política global, que lleva a una serie de
problemas que tienen cada vez más repercusiones en las democracias. Por
ejemplo, se erosiona la confianza en las instituciones democráticas y en el
sistema económico, percibido como manipulado en favor de los poderosos.
Esto
alimenta el populismo y la polarización política, donde las narrativas de
“ellos contra nosotros” encuentran un terreno fértil en el resentimiento de la
población, llevándola a buscar soluciones radicales ante un “statu quo” que no
les funciona.
Por otra
parte, vemos que los tecnofeudalistas actuales han avanzado en la captura del
Estado, pues el capital concentrado se traduce en poder político. Las élites
tecnológicas/económicas ejercen una influencia desproporcionada en la
formulación de políticas públicas (fiscales, laborales, regulatorias),
asegurando la perpetuación de su riqueza y la reducción de las oportunidades
para el resto de la población. Esto consolida un círculo vicioso de
desigualdad.
Todo lo anterior está generando una inestabilidad social y, tal como lo
advierte Hancock al evocar la Revolución Francesa, la frustración y el
descontento de las masas empobrecidas o estancadas, especialmente cuando
perciben que el sistema es injusto, pueden desembocar en protestas masivas,
disturbios, e incluso, revoluciones o colapsos democráticos.
La
advertencia del Dr. Russell Hancock, si bien se centra en la asombrosa brecha
en el centro de la innovación mundial (Silicon Valley), resalta la necesidad de
un enfoque proactivo. Él plantea que hay que desarrollar el regionalismo, con
el cual se puede combatir este fenómeno de la desigualdad, pero que se requiere
de la acción de gobiernos e instituciones para redistribuir los recursos de
manera más equitativa.
Para ello,
plantea una política fiscal progresiva, con impuestos a la renta y a la riqueza
más justos y progresivos, acompañado de una inversión social que fortalezca la
educación pública, la atención sanitaria y la protección social para garantizar
un piso de bienestar y oportunidades para todos.
Lo anterior
debe ir complementado con salarios dignos y sindicación. Es decir, políticas
que aseguren que los salarios crezcan a la par de la productividad y que
permitan a los trabajadores negociar colectivamente.
La
estabilidad económica y la paz social del siglo XXI dependen de la capacidad
para reducir la brecha de Gini. Ignorar esta métrica es ignorar la historia y
arriesgarnos a un futuro de profunda y peligrosa inestabilidad.
Esta
desigualdad se ha venido acelerando en los últimos 20 – 30 años y, el epicentro
se ha centrado, justamente en el desarrollo de lo que suponían haría la vida
más fácil a los humanos, ayudando a mejores oportunidades, individuales y
colectivas, la tecnología.
Según Rob
Reich, profesor de ética social de la ciencia y la tecnología en Stanford, “un
número extraordinariamente pequeño de multimillonarios que controlan el
ecosistema de la información se han aliado con el poder político más
trascendental y temible del mundo… Nunca antes en la historia se habían
combinado estas dos cosas”.
Si los
líderes de los gobiernos se siguen hipotecando ante los tecnofeudalistas, ellos
mismos corren el riesgo de desaparecer.
Es momento
de que se norme ética y legalmente el desarrollo de la Inteligencia Artificial,
la cual es el internet y la tecnología con esteroides, y ya se sabe que los
esteroides, no son buenos para la salud del humano.
Resumen y contexto
Resumen (clic para ver)
Desigualdad extrema: amenaza global Por: @OrlandoGoncal El Dr. Russell Hancock, un defensor del regionalismo, líder cívico e impulsor de la participación comunitaria, señaló en septiembre pasado en un artículo publicado en el sitio Web Wired, que las cifras sobre el coeficiente de Gini (medida de desigualdad económica utilizada por el Banco Mundial) en el contexto de Silicon Valley. Allí evidencia un salto de 30 a 83 desde los años 90 a la actualidad, funcionando como un espejo de la realidad global, cada vez más preocupante. La cifra específica de 83…









