Venezuela hoy, libertad otorgada o intervención pactada
Por: Augusto Hernández
La madrugada del 3 de enero de 2026 quedará inscrita en los anales de la política hemisférica como uno de los episodios más controvertidos —y peligrosamente ambiguos— de las últimas décadas. Una operación militar estadounidense de gran escala en Venezuela culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, quienes fueron sacados del país y llevados a jurisdicción estadounidense para enfrentar cargos en Nueva York, según la administración de Washington. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció la acción como un triunfo en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, aunque las circunstancias legales y políticas del operativo plantean más preguntas que certezas.
Este episodio, sin precedentes desde la invasión estadounidense de Panamá en 1989, abre un abanico de interpretaciones —políticas, jurídicas y geoestratégicas— que merecen un análisis sereno, riguroso y, sobre todo, crítico.
El 30 de julio de 2024, tras las elecciones presidenciales venezolanas -muy señaldas de amañadas- del 28 de julio de 2024, Maduro dio un mensaje desde un balcón del Palacio de Miraflores en Caracas en el contexto de protestas y altas tensiones internas, en el que pronunció: “Venga por mí, aquí lo espero en Miraflores … no se tarde en llegar, cobarde. Venga por mí, cobarde.”
Estas fueron sacadas de contexto en redes sociales y posteriormente colocadas en fragmentos para que pareciera una declaratoria a Trump y el gobierno americano; sin embargo, desde su contexto original, real y su dedicatoria a González Urrutia y el pueblo que lo votó en contra ese 28 de julio, parece que como decimos en México, llamó al diablo y hoy se le hizo presente.
Con este acto ejecutado veloz y certero, el tablero regional quedó encendido: no por un debate abstracto sobre democracia, sino por el retorno crudo de una pregunta vieja y venenosa: ¿quién puede hacer qué, en nombre de qué, y con qué consecuencias?
En redes, el hecho se volvió sentencia antes que discusión. La narrativa se fracturó en tiempo real: “liberación”, “secuestro”, “justicia”, “invasión”. Y no sólo desde activistas: líderes y cancillerías reaccionaron de inmediato, unos celebrando el golpe contra un régimen autoritario; otros condenando la violación de soberanía; otros pidiendo contención y legalidad internacional. Esa polarización digital no es un adorno: hoy las redes son parte del campo de batalla, moldean percepciones, aceleran rumores y complican cualquier salida institucional.
Hay, al menos, cinco ópticas que conviene poner sobre la mesa sin caer en propaganda de un bando u otro:
1) La soberanía como línea roja (y el problema del precedente).
El operativo —por su naturaleza y escala— se lee en buena parte del mundo como un acto unilateral que cruza límites del derecho internacional. De hecho, una porción importante de gobiernos y actores internacionales lo ha descrito, en esencia, como una violación a la Carta de la ONU y un precedente peligroso. Si “capturar” jefes de Estado por la vía militar se normaliza, mañana la excepción se vuelve doctrina… y en América Latina ya conocemos ese guion.
2) “Por fin cayó el autoritarismo” (y el riesgo del espejismo).
Para sectores que han vivido persecución, censura, elecciones cuestionadas y una deriva autoritaria, el hecho se interpreta como la caída del símbolo máximo del poder. Pero aquí hay una trampa: la salida de un líder no equivale automáticamente a una transición democrática. La oposición puede estar fragmentada; el aparato estatal y militar no desaparece; y el vacío de poder suele ser la antesala de disputas internas, venganzas, o “hombres fuertes” sustitutos.
3) El “nuevo USA” como amenaza regional (o el viejo USA con esteroides).
Aun quienes no simpatizan con Maduro miran el episodio con inquietud: si Washington decide que puede actuar como juez global sin mandato multilateral, ¿qué detiene futuras operaciones “ejemplares” contra gobiernos incómodos? Brasil, por ejemplo, habló de una “línea inaceptable” y reclamó una respuesta vigorosa de Naciones Unidas. El mensaje implícito no es sólo para Caracas: es para toda capital que no se alinee.
4) Presión directa sobre gobiernos de izquierda (y sobre los no alineados).
Las reacciones internacionales muestran una grieta ideológica, pero también geopolítica: condenas desde varios gobiernos latinoamericanos y actores globales; apoyos desde líderes de derecha y aliados; y posturas europeas más cautelosas, intentando separar el juicio sobre Maduro del juicio sobre el método. El efecto inmediato será diplomático: votos en foros multilaterales, ruptura o congelamiento de relaciones, reacomodos de seguridad… y una advertencia tácita a quienes gobiernan con agendas de izquierda o soberanistas.
5) La caja de Pandora interna en Estados Unidos: legalidad, Congreso y “guerra por notificación”.
El debate no queda fuera de Washington. En redes, incluso legisladores estadounidenses cuestionaron el fundamento constitucional y el interés nacional de abrir un frente militar. Si el Ejecutivo puede iniciar una acción de esta magnitud y luego explicar, el precedente no sólo reordena América Latina: reordena el equilibrio de poderes dentro de EE.UU. y su manera de “exportar” política exterior.
6) La óptica olvidada: migración, caos y desinformación como armas.
Las crisis venezolanas ya han generado olas migratorias. Una escalada militar —o un vacío de mando— puede disparar nuevos flujos, afectando fronteras, islas del Caribe y países vecinos. Y a eso se suma otro factor: Venezuela ha sido terreno fértil para campañas de desinformación y deepfakes en el pasado; en un contexto así, la “verdad verificada” pierde velocidad frente al contenido viral. En otras palabras: no sólo se disputa el poder; se disputa la realidad.
Al final, esta madrugada deja una conclusión incómoda: la región no está discutiendo si Maduro era democrático; está discutiendo si el continente puede sobrevivir cuando la fuerza sustituye al derecho. Y ahí, guste o no, nadie tiene las manos limpias: ni quienes justifican todo por “libertad”, ni quienes invocan “soberanía” para blindar abusos. El dilema, ahora, es si América Latina responderá con instituciones y multilateralismo… o con aplausos y condenas que, en el fondo, sólo preparan la próxima madrugada.
Y es que todo esto no lo digo sólo yo, los medios de comunicación, la gente, residentes, exiliados, profesionales de la comunicación política están hablando del tema, aquí te dejo algunas referencias para que desde las diversas ópticas formes la tuya tras la lectura.
Resumen y contexto
Resumen (clic para ver)
Venezuela hoy, libertad otorgada o intervención pactada Por: Augusto Hernández La madrugada del 3 de enero de 2026 quedará inscrita en los anales de la política hemisférica como uno de los episodios más controvertidos —y peligrosamente ambiguos— de las últimas décadas. Una operación militar estadounidense de gran escala en Venezuela culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, quienes fueron sacados del país y llevados a jurisdicción estadounidense para enfrentar cargos en Nueva York, según la administración de Washington. El presidente de los Estados Unidos,…










