Trump hackeó la mente global
Por: Jerry Jáuregui
Hay un dato que debería incomodar a cualquier estratega político: Donald Trump es hoy el político más utilizado en imágenes generadas por inteligencia artificial en el mundo. No es una curiosidad tecnológica ni una moda pasajera. Es una señal clara de posicionamiento cultural y dominio simbólico.
Los algoritmos no tienen ideología ni intención. Solo amplifican aquello que millones de personas buscan, replican y consumen. Cuando una figura aparece de forma masiva en renders, prompts y recreaciones digitales, no estamos viendo un fenómeno técnico, sino un reflejo del lugar que esa persona ocupa en la mente colectiva.
Que Trump sea el político más recreado por IA habla de algo más profundo que su popularidad electoral. Su imagen se volvió reconocible, polarizante, exagerada e imposible de ignorar. Exactamente el tipo de identidad que el ecosistema digital amplifica sin fricción.
Trump entendió antes que muchos líderes que la política moderna no se gana solo con discursos o pauta. Se gana convirtiéndose en símbolo. No busca agradar, busca ser recordado. No persigue consenso, persigue presencia.
En la economía de la atención, la visibilidad constante se convierte en poder. La inteligencia artificial no crea relevancia, solo multiplica la que ya existe. Trump no es viral por la IA; la IA lo replica porque Trump ya domina la conversación global.
Muchos líderes siguen intentando caer bien. Trump entendió que hoy lo verdaderamente valioso es ser imposible de ignorar. Podrá generar amor o rechazo, pero jamás indiferencia. Y en política, la indiferencia es la verdadera derrota.
La lección es clara: el futuro del marketing político no está en las herramientas, sino en la construcción de identidades fuertes, narrativas claras y símbolos poderosos. Ser el político más generado por inteligencia artificial no es casualidad. Es el resultado de haber entendido que las elecciones comienzan mucho antes de las urnas, en la mente de las personas.


