Guerrilleros cubanos de día, clientes de Ross por las noches
Por: Luis Rubén Maldonado Alvídrez
De manera fortuita y días previos al acontecimiento político volví a ver una de las películas atrevidas de un director que tuvo una gran etapa como director de cine en México: Luis Buñuel, quien en muchas de sus películas explora algo muy común en las sociedades latinoamericanas: la doble vida.
El deber ser obligado por las “buenas costumbres” derivadas de sociedades oprimidas, desde tiempos coloniales, por una Iglesia Católica omnipresente y autoritaria, es parte fundamental de la identidad desarrollada por las naciones que antes fueron la Nueva España: de día se presentaban como dóciles ante el dominio español y los frailes evangelizadores, seguían sus mandatos y rituales; de noche, simulaban dormir y volvían a adorar a sus dioses y practicar las costumbres arraigadas en su alma, aunque fuera brevemente, de noche se liberaban del yugo conquistador. Así lo proyecta el fabuloso filme mexicano de 1998 titulado “La otra conquista” del director Salvador Carrasco, siguiendo una expedición hacia la doble vida que define, no sólo a las y los mexicanos sino a las y los latinoamericanos.
Si la personas de a pie tienen una doble vida, nuestra clase política mexicana domina el tener una doble vida, de ahí que su credibilidad siempre esté tambaleando. Para ejemplo, lo que sucedió el pasado 9 de enero en el Congreso del Estado de Chihuahua, al norte de México.
Los debates sobre la congruencia ideológica suelen ser intensos y, en ocasiones, polémicos. Alfredo Chávez Madrid, coordinador de la bancada del Partido Acción Nacional lanzó un reto directo a las y los legisladores de Morena: entregar su visa estadounidense antes de defender al gobierno de Cuba. Este discurso, lejos de ser una simple provocación, revela profundas tensiones sobre la coherencia política, la relación de México con Cuba y la percepción pública de los representantes populares.
El detonante del debate fue una iniciativa presentada por el diputado de Movimiento Ciudadano Francisco Sánchez Villegas, quien propuso exhortar al gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, a suspender cualquier donación o subsidio de petróleo e hidrocarburos a Cuba, calificando a su gobierno como una “dictadura castrista”. La propuesta generó una defensa inmediata por parte de las y los legisladores de Morena, quienes respaldaron la política exterior mexicana y el apoyo al régimen cubano.
Fue ahí, cuando el panista Alfredo Chávez Madrid intervino para cuestionar lo que denominó la “doble moral” de la izquierda chihuahuense. Su discurso giró en torno a la idea de que los legisladores de Morena disfrutan de los beneficios del sistema capitalista, como la visa estadounidense y las compras en El Paso, Texas, mientras elogian modelos económicos socialistas como el cubano.
Yfue cuando Chávez Madrid propuso a las y los legisladores de Morena entregar su visa estadounidense antes de defender al régimen cubano es, en esencia, un reto simbólico. La visa se convierte en un emblema de los privilegios asociados al capitalismo y al acceso a bienes y servicios en Estados Unidos, en contraste con la defensa retórica del socialismo cubano.
Este tipo de discurso busca evidenciar la incongruencia entre el discurso y la práctica de los legisladores de izquierda. Al señalar que “qué padre ir al Ross (famosa cadena de tiendas muy populares en la frontera con Estados Unidos) y luego hablar bien del régimen cubano”, Chávez Madrid utiliza la ironía para subrayar la contradicción entre el consumo en Estados Unidos y la defensa de un modelo económico opuesto.
La reacción de la diputada de Morena Leticia Ortega Máynez, quien se llevó la mano al corazón en tono de burla, añade un elemento teatral al debate, mostrando cómo este tipo de confrontaciones pueden convertirse en espectáculos mediáticos que trascienden el fondo de la discusión.
El discurso de Chávez Madrid es un reto frontal de la bancada del PAN hacia Morena, ya que la mayoría de sus legisladores provienen del respaldo popular de la fronteriza Ciudad Juárez. Además, el líder de la diputación panista refuerza la narrativa de “doble moral” y debilitando la legitimidad del adversario ante la opinión pública. Este tipo de retórica es común en contextos de alta competencia política, donde los partidos buscan diferenciarse no solo en términos de propuestas, sino también en valores y principios.
La polarización se intensifica cuando los debates se centran en cuestiones de congruencia personal, desplazando la atención del análisis de políticas públicas hacia el comportamiento individual de los legisladores.
El reto de la visa estadounidense es altamente efectivo para captar la atención de los medios y de la ciudadanía. La imagen de legisladores de izquierda disfrutando de los beneficios del capitalismo mientras defienden el socialismo cubano es poderosa y fácilmente digerible para el público. Los medios suelen amplificar este tipo de discursos, generando titulares que refuerzan la percepción de incongruencia y privilegio en la clase política.
La política exterior de México hacia Cuba ha sido históricamente compleja, marcada por momentos de acercamiento y distanciamiento. El apoyo a Cuba suele justificarse en términos de solidaridad internacional y respeto a la soberanía, mientras que las críticas se centran en la falta de democracia y derechos humanos en la isla. El discurso de Chávez Madrid introduce una dimensión adicional: la congruencia entre el discurso político y las acciones personales de los legisladores.
Este tipo de discursos puede tener efectos importantes en la dinámica interna de los partidos. Para el PAN, el reto puede ser visto como una defensa de la congruencia y la transparencia, posicionando al partido como crítico de los privilegios y la incongruencia.
La confrontación puede fortalecer la cohesión interna de los partidos al cerrar filas frente a la crítica externa, pero también puede generar tensiones internas si los legisladores se sienten cuestionados por sus propias prácticas.

Mientras Chávez Madrid se refirió a la “doble moral”, es esa en la que se vive una doble vida, que tanta curiosidad le daba a Luis Buñuel y otros cineastas.
Las y los legisladores de Morena en Chihuahua y otros estados fronterizos son ejemplo perfecto y serían sujetos ideales para una nueva película de Luis Buñuel: de día son guerrilleros de izquierda que improvisan templos a Ernesto Guevara de la Serna, a Camilo Cienfuegos o a Fidel Alejandro Castro Ruz. Mientras que de noche son mortales capitalistas que hacen horas de fila para cruzar el Río Bravo y poder llegar a Ross a comprar ropa para sus atuendos legislativos.
La congruencia es un valor fundamental en la política. Cuando se persigue esta superioridad moral, personas como las y los legisladores de Morena están bajo un escrutinio intenso que busca sus contradicciones y dilemas éticos. Los cuales pueden tener consecuencias importantes en la percepción y el desempeño político.
El reto de Chávez Madrid pone en evidencia la dificultad de las y los diputados chihuahuenses de Morena por mantener la congruencia en un entorno donde las fronteras entre el discurso y la práctica son difusas. La política mexicana, como muchas otras, está marcada por episodios donde la congruencia se convierte en un arma de confrontación y en un criterio de evaluación ciudadana.