La primera ministra Sanae Takaichi convoca elecciones anticipadas en Japón para el 8 de febrero
Japón
La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, anunció la disolución anticipada de la Cámara de Representantes y la convocatoria de elecciones generales para el próximo 8 de febrero, en una jugada política orientada a fortalecer su liderazgo y ampliar la base parlamentaria del Partido Liberal Democrático (PLD), apenas tres meses después de haber asumido el cargo.
En una comparecencia pública en Tokio, la dirigente ultraconservadora confirmó que el viernes disolverá la Cámara baja —el órgano de mayor peso político del Parlamento japonés— y que la campaña electoral arrancará el 27 de enero. El objetivo es claro: convertir su alto nivel de respaldo ciudadano, que ronda el 78% según los sondeos, en una mayoría legislativa sólida que le permita gobernar con mayor margen de maniobra.
“Pongo en juego mi futuro político como primera ministra. Quiero que la ciudadanía decida si confía en este proyecto de país”, sostuvo Takaichi, al justificar una convocatoria que se inscribe en la tradición táctica de la política japonesa, donde los líderes buscan capitalizar los picos de popularidad.
La jefa de Gobierno llegó al poder en octubre, sin pasar por las urnas, tras la renuncia de Shigeru Ishiba, debilitado por los malos resultados del PLD en las elecciones parciales de la Cámara alta. Para su investidura, rompió con el histórico socio Komeito y selló una nueva coalición con el Partido de la Innovación, de centro-derecha, que hoy sostiene al Ejecutivo con una mayoría frágil en la Cámara baja.
Con el adelanto electoral, Takaichi busca legitimar su agenda y obtener un mandato político explícito para impulsar lo que define como una “nueva política económica y fiscal”, además de someter a juicio popular el cambio de socio de gobierno y su giro estratégico en defensa y política exterior. La meta: revalidar al menos los 233 escaños necesarios para controlar la Cámara baja, de los 465 en disputa.
El contexto no es menor. En los últimos comicios, el PLD sufrió un fuerte desgaste, con un voto de castigo especialmente entre los jóvenes, que migraron hacia fuerzas populistas de derecha, críticas del establishment, con discursos antiimpuestos, antimigración y, en algunos casos, abiertamente xenófobos. El encarecimiento del costo de vida, la negociación de aranceles con Estados Unidos y la relación con China dominaron la agenda.
Takaichi, referente del ala dura y nacionalista del PLD, encarna la respuesta del partido a ese giro conservador del electorado. Admiradora de Margaret Thatcher, defensora de los valores tradicionales y de un Japón con mayor peso militar en el Indo-Pacífico, ha marcado un cambio de tono desde su llegada al poder: anunció un aumento del presupuesto de Defensa, estrechó vínculos con Washington y elevó la tensión con Pekín al advertir que un intento chino de controlar Taiwán sería una “amenaza existencial” para Japón.
La reacción de China no se hizo esperar, con duras declaraciones y nuevas restricciones a la exportación de recursos estratégicos, lo que anticipa que la política exterior será uno de los ejes más sensibles de la campaña.
Enfrente, la oposición se reorganiza. El Partido Constitucional Democrático y Komeito, antiguo aliado del PLD, formaron un bloque común que suma 172 escaños y se perfila como la principal alternativa. Ambos cuestionan la convocatoria anticipada y acusan a Takaichi de priorizar cálculos electorales sobre la aprobación del presupuesto 2026.
Con solo 16 días de campaña, el período electoral más corto de la posguerra, Japón entra en una fase decisiva. Para Takaichi, el 8 de febrero no es solo una elección: es un plebiscito sobre su liderazgo, su proyecto de país y el rumbo estratégico de la tercera economía del mundo.
Fuente: El País


