María Corina Machado entrega su medalla del Nobel a Trump en una cita marcada por el simbolismo político

Estados Unidos

La imagen que selló la reunión entre María Corina Machado y Donald Trump fue un objeto cargado de simbolismo político: la medalla original del premio Nobel de la Paz que la líder opositora venezolana decidió entregar al presidente de Estados Unidos durante su encuentro en la Casa Blanca. Se trata de una pieza chapada en oro, de casi 200 gramos de peso y 6,6 centímetros de diámetro, que Trump aceptó públicamente como “un gesto maravilloso de respeto mutuo”.

El encuentro, que se extendió por cerca de dos horas e incluyó un almuerzo de trabajo, se desarrolló a puerta cerrada entre el Despacho Oval y el comedor privado del presidente. Aunque ninguno de los dos ofreció detalles sustantivos sobre el contenido de la conversación, el intercambio del galardón eclipsó cualquier otro mensaje político.

Machado confirmó la entrega de la medalla en declaraciones a la prensa a las afueras del Capitolio. Horas más tarde, Trump hizo referencia al gesto en su red social Truth, donde destacó el encuentro y agradeció el obsequio, sin entrar en el fondo de la agenda abordada ni mencionar el rol político de Machado como líder de la oposición venezolana.

El silencio fue elocuente. El mandatario estadounidense evitó referirse a una eventual transición política en Venezuela o al reconocimiento de Machado como figura central del movimiento opositor, pese a que su propio gobierno considera a su bloque como ganador de las elecciones de julio de 2024. Tampoco aclaró las razones de su reciente acercamiento a la presidenta en funciones, Delcy Rodríguez, a quien había elogiado apenas un día antes de recibir a la dirigente opositora.

Ante la repercusión del gesto, el Comité Nobel recordó que el premio es personal, irrevocable e intransferible, aunque la medalla física puede cambiar de propietario. En un mensaje difundido en redes sociales, subrayó que el título de ganador del Nobel no se comparte ni se cede, aunque el objeto pueda ser regalado, heredado o incluso subastado, como ocurrió en el pasado con la medalla del periodista Dmitri Muratov.

Las críticas no tardaron en llegar. Desde Caracas, Delcy Rodríguez calificó la acción como un acto de sometimiento político. Machado respondió con una justificación histórica: evocó el gesto del marqués de Lafayette, quien hace dos siglos entregó a Simón Bolívar una medalla con el rostro de George Washington como símbolo de hermandad entre ambos pueblos en la lucha contra la tiranía. Según la dirigente, su decisión buscó recrear ese mismo mensaje político en clave contemporánea.

Más allá del simbolismo, la Casa Blanca moderó cualquier expectativa de cambio inmediato. La portavoz presidencial, Karoline Leavitt, reconoció a Machado como una voz “valiente y representativa”, pero dejó claro que Trump mantiene su respaldo a la continuidad del actual gobierno venezolano, tras una evaluación que considera poco viable que la oposición garantice el control institucional y militar en una eventual transición.

Mientras tanto, el respaldo popular acompañó a la dirigente venezolana en Washington. Decenas de simpatizantes se congregaron frente a la Casa Blanca y más tarde en el Capitolio, donde Machado sostuvo reuniones con legisladores de ambos partidos. A su salida, entre abrazos y consignas, aseguró que cuenta con el apoyo del presidente estadounidense para la libertad de Venezuela.

La escena cerró sin declaraciones formales, pero con una imagen difícil de ignorar: una medalla del Nobel como moneda simbólica en una partida diplomática aún abierta.

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Fuente: El País

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