El factor “fenómeno” en la política
Son dos caras de una misma moneda. Muchos políticos creen que pueden convertirse en un fenómeno electoral, como si se tratara de una moda, y no de una excepcionalidad, que es lo que realmente es. Mientras tanto, el hartazgo de las mayorías de nuestros países hacia los políticos, los gobiernos y la política en general lleva a sobredimensionar la expectativa en torno a alguien ajeno al sistema, casi como una manifestación divina, un liderazgo avasallante, alguien que nunca haya estado en la política, pero que, paradójicamente, también tenga experiencia.
En esta expectativa por un fenómeno político subyace, además, otra aún más preocupante: que esa revelación grite para todos y lo rompa todo. A esto se le ha llamado, equivocadamente, “disruptivo”, por su connotación de ruptura brusca. Pero lo que encierra es brutalismo, una tentación que se presenta como el camino más fácil, al menos para llegar al poder. Otra cosa es tomarlo, y otra distinta, mantenerlo. Los “salvadores” terminan enfrentándose a las mismas inercias estructurales o institucionales que utilizaron para hacerse imprescindibles. También pueden verse sobrepasados por promesas imposibles.
Así, esta forma de irrumpir en la política contradice el propio sentido de ejercerla: los buenos modales que obligan incluso entre adversarios, la acción comunicativa que implica convencer con la mejor propuesta, persuadir y no amenazar; generar esperanza y no miedo; convivir y no eliminar al otro como objetivo. No se trata de idealizar la política ni su comunicación, ni de suponer que puede dejar de ser confrontativa, como lo es por naturaleza. Sin embargo, es crucial que no pierda su razón de ser ni su sentido, y que el término no se utilice para nombrar lo que no es —ni puede ser— política.
Es cierto que hacer política se ha vuelto más complejo y que las campañas electorales resultan ahora más complicadas y costosas. Paradójicamente, la profesionalización de la política ha llevado a que muchos aspirantes la vean como inaccesible o inalcanzable. Así, algunos se sienten atraídos por atajos de todo tipo. Las redes sociales, WhatsApp y las aplicaciones tecnológicas disponibles hoy, incluidas las que utilizan inteligencia artificial, se han convertido también en incentivos para manipular a los votantes, con la desinformación como herramienta.
Los “fenómenos”, sin embargo, pueden ser fabricados y terminar siendo meros muñecos inflables. Son capaces de hincharse y elevarse de forma espectacular por encima de todo (sin partido, sin medios ni intermediación alguna) y de todos (como el todopoderoso que te convence de que lo va a cambiar todo), pero también de pincharse y caer como goma desechable, estrellándose contra el piso. La insatisfacción, la impaciencia y la inmediatez son tres de las bombas ciudadanas que llenan de aire estos globos de ensayo. Esta es una nueva faceta de la vieja política del espectáculo, que reduce la política al carisma personal, al personaje ficcionalizado o a los grandes titulares.
Sí, es más difícil el fenómeno que no cae del cielo, sino que surge del territorio (y del activismo digital): el de la política construida, de ciclo político y de base, esa que comienza desde la gente y vuelve a ella, esa que primero escucha y luego propone. Esa es la política profesional. Es estratégica, de mediano y largo plazo, de articulación transversal y de varios niveles, y es la de la oferta que responde a la representación y a las soluciones. No contradice el deseo social de tener caras nuevas ni excluye el sentido de oportunidad propio de la política, siempre que exista un plan marco que asegure pensar y actuar estratégicamente. Además, debe demostrar que se puede hacer la diferencia y destacar desde lo que importa, lo que sirve, lo constructivo —ser disruptivo en el mejor sentido.
No es ingenuidad ni resentimiento, pero sí una alerta: la política es el campo profesional —y de trabajo— de los políticos, de los partidos, de los consultores, de los periodistas y de los propios ciudadanos organizados, y corre el riesgo de ser arrasada.
Resumen y contexto
Resumen (clic para ver)
El factor “fenómeno” en la política Por: Alfredo Rojas Calderón Son dos caras de una misma moneda. Muchos políticos creen que pueden convertirse en un fenómeno electoral, como si se tratara de una moda, y no de una excepcionalidad, que es lo que realmente es. Mientras tanto, el hartazgo de las mayorías de nuestros países hacia los políticos, los gobiernos y la política en general lleva a sobredimensionar la expectativa en torno a alguien ajeno al sistema, casi como una manifestación divina, un liderazgo avasallante, alguien que nunca haya estado…














