Dos victorias conservadoras en América Latina: la mano de Trump
Por Luis Rubén Maldonado Alvídrez
El cierre de 2025 trajo consigo un giro político relevante en América Latina, con la llegada al poder de dos figuras conservadoras: José Antonio Kast en Chile y Nasry Asfura en Honduras. Ambos triunfos, aunque en contextos nacionales distintos, comparten elementos clave: el desgaste de los gobiernos de izquierda, el hartazgo social ante la inseguridad y la economía estancada, y la influencia, directa o simbólica, de Donald Trump, expresidente de Estados Unidos y referente global de la nueva derecha.
En Chile, la victoria de Kast se dio en un ambiente de alta participación electoral, impulsada por el voto obligatorio y el desencanto con el gobierno de Gabriel Boric. El país, que durante décadas fue ejemplo de estabilidad y crecimiento, enfrentaba desde 2019 una crisis institucional, protestas sociales y un debate intenso sobre el modelo económico. El desgaste de la izquierda, sumado al rechazo a la reforma constitucional y la percepción de inseguridad, crearon el caldo de cultivo perfecto para el ascenso de un candidato que prometía “orden y progreso”.
En Honduras, Asfura logró imponerse en su tercer intento presidencial, tras una campaña marcada por la polarización, la desconfianza en las instituciones y el legado de gobiernos salpicados por denuncias de corrupción y narcotráfico. El margen de victoria fue estrecho, reflejando una sociedad dividida y cansada de promesas incumplidas. La figura de Donald Trump fue mucho más visible aquí, con un respaldo explícito que se tradujo en mensajes públicos y gestos diplomáticos.
Tanto Kast como Asfura supieron leer el momento político y adaptar sus campañas a las demandas ciudadanas. En Chile, Kast moderó su discurso, alejándose de posturas extremas y enfocándose en propuestas concretas para combatir la delincuencia, reactivar la economía y reducir la burocracia. Su mensaje de “orden y progreso” resonó especialmente entre la clase media y los sectores populares, preocupados por la inseguridad y el desempleo.
En Honduras, Asfura apostó por una imagen de cercanía y trabajo, con el lema “Papi a la orden” y una campaña centrada en la estabilidad fiscal, la generación de empleo y la infraestructura productiva. Su estilo directo, su vestimenta sencilla y su trayectoria como alcalde de Tegucigalpa reforzaron la percepción de un candidato pragmático y alejado de la élite política tradicional.
Ambos evitaron la fragmentación opositora, consolidando alianzas y sumando apoyos de sectores tradicionalmente adversos. En el caso chileno, Kast logró atraer votos del centro y de la derecha tradicional, mientras que Asfura capitalizó el desgaste del oficialismo y la división de la izquierda hondureña.
La influencia de Donald Trump fue un elemento diferenciador entre ambos procesos. En Honduras, el respaldo de Trump fue directo y explícito: a pocos días de la elección, el expresidente estadounidense manifestó públicamente su apoyo a Asfura, señalando que era el único candidato con el que Washington podría trabajar para garantizar la estabilidad y la seguridad en la región. Este gesto fue ampliamente difundido en medios locales y utilizado por la campaña de Asfura como prueba de su capacidad para restablecer relaciones con Estados Unidos, un socio clave para Honduras en temas de migración, seguridad y cooperación económica.
Además, Trump otorgó un perdón presidencial al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, del mismo partido que Asfura, lo que fue interpretado como un espaldarazo al bloque conservador y generó polémica entre los rivales políticos. La intervención de Trump fue vista por algunos analistas como un factor decisivo en una elección muy cerrada, inclinando la balanza a favor de Asfura y reforzando la narrativa de que solo un gobierno afín a Washington podría garantizar la estabilidad y el desarrollo del país.
En Chile, la influencia de Trump fue más simbólica y regional. Aunque no hubo un respaldo explícito, el triunfo de Kast fue celebrado por líderes conservadores y visto como parte de una ola derechista que Trump ha impulsado y respaldado en América Latina. Kast recibió felicitaciones de aliados de Trump y de otros gobiernos de derecha, consolidando la percepción de un bloque ideológico en ascenso.
Ambos triunfos comparten similitudes notables: capitalizaron el desgaste de los gobiernos de izquierda, respondieron a la demanda ciudadana por seguridad y empleo, y supieron construir campañas pragmáticas y efectivas. Sin embargo, las diferencias son igualmente relevantes. En Honduras, la intervención de Trump fue directa y utilizada estratégicamente por Asfura para proyectar una imagen de estabilidad y cercanía con Estados Unidos. En Chile, la influencia de Trump fue indirecta, más relacionada con el contexto regional y la narrativa de una nueva derecha latinoamericana.
Otra diferencia clave radica en la naturaleza de los liderazgos: Kast representa una derecha moderna, que supo moderar su discurso y ampliar su base electoral, mientras que Asfura encarna el perfil del político tradicional, cercano a la gente y con una larga trayectoria en la administración pública.
Los triunfos de Kast y Asfura refuerzan la tendencia de avance de gobiernos de derecha en América Latina, en un contexto donde la economía, la inseguridad y el narcotráfico se han convertido en los temas centrales de las campañas electorales. La influencia de Trump, ya sea directa o simbólica, ha contribuido a consolidar un bloque conservador que podría marcar el rumbo de las próximas elecciones en países como Colombia, Brasil y Perú.
En ambos casos, el reto será transformar el optimismo inicial en resultados concretos: crecimiento económico, generación de empleo, reducción de la inseguridad y fortalecimiento institucional. La legitimidad de sus triunfos y la expectativa de cambio generan presión para cumplir con las promesas de campaña y evitar la erosión del capital político.
Resumen y contexto
Resumen (clic para ver)
Dos victorias conservadoras en América Latina: la mano de Trump Por Luis Rubén Maldonado Alvídrez El cierre de 2025 trajo consigo un giro político relevante en América Latina, con la llegada al poder de dos figuras conservadoras: José Antonio Kast en Chile y Nasry Asfura en Honduras. Ambos triunfos, aunque en contextos nacionales distintos, comparten elementos clave: el desgaste de los gobiernos de izquierda, el hartazgo social ante la inseguridad y la economía estancada, y la influencia, directa o simbólica, de Donald Trump, expresidente de Estados Unidos y referente global…










