Donald Trump y el espejo latinoamericano: una lección urgente para nuestras democracias
Por: Helios Ruíz
A veces, los espejos no sirven para admirarnos, sino para advertirnos. Lo que ocurre hoy en los Estados Unidos bajo el segundo mandato de Donald Trump es una de esas imágenes que América Latina no puede darse el lujo de ignorar. No porque admiremos a Trump, ni porque su estilo represente un modelo, sino porque sus decisiones, sus discursos y su forma de ejercer el poder reflejan dinámicas que conocemos demasiado bien en esta región: polarización, militarización, ataques a la institucionalidad, y un uso calculado del miedo como herramienta política.
Este primer año desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca ha sido todo, menos normal. En lugar de encarnar la estabilidad que muchos esperaban tras un ciclo electoral desgastante, su gobierno ha intensificado las tensiones internas, ha desafiado límites institucionales y ha puesto en evidencia una estrategia clara: gobernar desde el conflicto, no desde el consenso.
Para América Latina, que tantas veces ha sido laboratorio de populismos autoritarios, lo que ocurre en el país más poderoso del mundo debería servirnos para abrir un debate profundo sobre nuestras propias democracias. Porque lo que está en juego no es únicamente el rumbo de Estados Unidos; es la salud del modelo democrático a nivel continental.
Uno de los aspectos más inquietantes del gobierno de Trump es la militarización de la vida civil. El despliegue de la Guardia Nacional en ciudades como Washington D.C. o Minneapolis, bajo el argumento de combatir el crimen, remite a estrategias que hemos visto en nuestros países durante décadas. La diferencia, esta vez, es el contexto: no se trata de una región en crisis institucional, sino de una democracia que muchos consideraban consolidada. Ver a agentes federales irrumpiendo en viviendas sin órdenes judiciales, deteniendo a inmigrantes naturalizados, e incluso provocando la muerte de civiles, como en el caso de Nicole Wood, revela un patrón: el uso desmedido de la fuerza para imponer una narrativa de “orden” que se construye sobre la exclusión y el miedo.
¿Nos suena familiar? En América Latina, hemos vivido ciclos en los que los gobiernos se escudan en la seguridad para justificar la represión. Sabemos que cuando se deslegitima a los jueces, se persigue a los adversarios políticos y se desacredita a los medios de comunicación, lo que sigue no es más democracia, sino menos.
El intento de Trump por controlar al sistema judicial, criticando a los jueces que no se alinean con su visión, presionando a la Corte Suprema para decisiones clave, y buscando colocar a magistrados afines, nos recuerda los intentos de captura institucional que muchos países latinoamericanos han enfrentado. Desde Venezuela hasta Nicaragua, desde Bolivia hasta El Salvador, la tentación de moldear las reglas del juego a conveniencia del poder ha sido una constante. Ahora, ese patrón se repite en Washington.
Incluso la economía, terreno donde tradicionalmente se ha evaluado la gestión presidencial estadounidense, muestra señales preocupantes. Mientras Trump insiste en que la inflación está controlada, la realidad cotidiana de millones de familias lo contradice. El encarecimiento de la canasta básica y la imposibilidad de acceder a una vivienda digna afectan especialmente a los jóvenes, que ven cada vez más lejano el “sueño americano”. ¿De qué sirve una economía que presume crecimiento si deja fuera a la mayoría?
Y es ahí donde América Latina debe encender las alertas. Porque nosotros también hemos vivido momentos donde los indicadores macroeconómicos se usaban como cortina de humo mientras la desigualdad, el desempleo y el desencanto social crecían por debajo. Y sabemos bien lo que ocurre cuando esa olla de presión estalla: estallidos sociales, crisis de gobernabilidad, y el resurgimiento de discursos extremos que prometen soluciones inmediatas a problemas complejos.
Trump también ha logrado convertir la política exterior en un tablero personal. Desde la amenaza de imponer aranceles a países latinoamericanos hasta la intervención militar en Venezuela bajo el argumento del narcoterrorismo, sus decisiones no responden a una estrategia diplomática de largo plazo, sino a impulsos ideológicos o intereses electorales. Lo mismo declara al Golfo de México como “Golfo de América” que propone patrullajes aéreos sobre territorio mexicano sin coordinación diplomática. Esta lógica de imposición unipersonal no solo debilita los principios del multilateralismo, sino que representa una amenaza directa para la soberanía de nuestras naciones.
Como consultores, comunicadores y líderes políticos en América Latina, tenemos el deber de aprender de este momento histórico. No para repetirlo, sino para evitarlo. Las democracias no se pierden de un día para otro; se desgastan, se erosionan, se resignan. Y muchas veces, lo hacen entre aplausos.
Por eso, no basta con denunciar el estilo de Trump. Hay que mirar hacia adentro. ¿Cómo estamos tratando a nuestras instituciones? ¿Qué lenguaje estamos usando para referirnos a nuestros adversarios? ¿Estamos gobernando para unir o para dividir? ¿Construimos poder desde el respeto ciudadano o desde la manipulación emocional?
Lo que ocurre en los Estados Unidos no es solo un asunto interno. Es una advertencia global. Y América Latina, con su historia marcada por la fragilidad democrática, debe leer entre líneas. Porque cuando el poder se concentra, cuando se gobierna desde el miedo y cuando se silencia a las voces críticas, lo que se pierde no es solo la estabilidad. Lo que se pierde es la esperanza.
Resumen y contexto
Resumen (clic para ver)
Donald Trump y el espejo latinoamericano: una lección urgente para nuestras democracias Por: Helios Ruíz A veces, los espejos no sirven para admirarnos, sino para advertirnos. Lo que ocurre hoy en los Estados Unidos bajo el segundo mandato de Donald Trump es una de esas imágenes que América Latina no puede darse el lujo de ignorar. No porque admiremos a Trump, ni porque su estilo represente un modelo, sino porque sus decisiones, sus discursos y su forma de ejercer el poder reflejan dinámicas que conocemos demasiado bien en esta región:…












