Por: Augusto Hernández
Las elecciones legislativas del 8 de marzo de 2026 dejaron una conclusión inmediata: el Congreso que surgió de las urnas es, en realidad, el primer capítulo de la contienda presidencial. Los resultados no solo redistribuyeron el poder legislativo, sino que ordenaron el mapa político alrededor de polos más definidos y redujeron el espacio para proyectos intermedios.
De acuerdo con los resultados del pre-conteo nacional, el Pacto Histórico se consolidó como la primera fuerza del Senado con cerca de 4,4 millones de votos (22,7%) y alrededor de 25 curules, confirmando la capacidad de movilización electoral del bloque que respalda al presidente Gustavo Petro. En segundo lugar, se ubicó el Centro Democrático, con cerca de 3 millones de votos y unas 17 curules, manteniéndose como el principal polo opositor. Más atrás se posicionaron el Partido Liberal y el Partido Conservador, que conservaron una presencia legislativa relevante gracias a su estructura territorial y redes regionales de intermediación política.
Este resultado confirma una tendencia que ya se insinuaba desde 2022: el sistema colombiano se está reconfigurando alrededor de dos grandes polos políticos, mientras el centro político pierde capacidad de articulación electoral. La comparación con el Senado de 2022 muestra que, aunque el petrismo ha fortalecido su presencia parlamentaria, el bloque opositor mantiene una base electoral robusta, lo que anticipa una contienda presidencial altamente competitiva.
Las consultas presidenciales reforzaron este escenario. La Gran Consulta por Colombia, mecanismo utilizado por sectores de centroderecha para ordenar su competencia interna, movilizó cerca de 5,8 millones de votantes, y dejó como ganadora a Paloma Valencia, quien superó los 3,2 millones de votos. Este resultado consolidó su liderazgo dentro del bloque opositor tradicional y evidenció la capacidad de movilización del electorado conservador y uribista.
En contraste, el centro político evidenció dificultades para consolidarse como alternativa nacional. En la consulta de ese sector, Claudia López obtuvo alrededor de 456.000 votos, mientras que Juan Daniel Oviedo, compitiendo por fuera de ese mecanismo, superó 1,2 millones de votos, un dato que reconfigura su papel dentro del escenario político nacional. Oviedo, exdirector del DANE y figura con un perfil técnico que ha ganado visibilidad nacional, emerge como un actor con capacidad de atraer votantes urbanos, jóvenes y moderados, un segmento electoral que en Colombia sigue siendo difícil de capturar. Su desempeño en esta etapa preliminar lo posiciona no solo como una figura relevante para la presidencial, sino también como un potencial protagonista de futuras disputas territoriales, incluida una eventual nueva aspiración a la alcaldía de Bogotá.
El mapa geográfico del voto
El análisis territorial también ayuda a entender el momento político del país. En la región Caribe, históricamente dominada por maquinarias tradicionales, los partidos Liberal y Conservador mantuvieron una presencia significativa, aunque el Pacto Histórico logró consolidar una base importante en ciudades como Barranquilla y Cartagena, reforzando su carácter de fuerza nacional. En Antioquia y el eje cafetero, en cambio, el Centro Democrático continúa siendo una estructura competitiva con fuerte arraigo regional, lo que explica por qué la derecha institucional mantiene capacidad real de disputar la presidencia.
En Bogotá y los principales centros urbanos, el comportamiento electoral fue distinto. Allí se evidenció una mayor fragmentación del voto, con crecimiento relativo de candidaturas de opinión y perfiles técnicos. Es en ese contexto donde la figura de Juan Daniel Oviedo cobra relevancia: su votación demuestra que existe un segmento urbano dispuesto a respaldar propuestas alejadas de las maquinarias tradicionales, aunque ese electorado sigue siendo insuficiente, por ahora, para estructurar un bloque nacional competitivo por sí solo.
El caso Abelardo y Salvación Nacional
Un caso particularmente interesante es el de Abelardo de la Espriella y el partido Salvación Nacional. Contra varios pronósticos que anticipaban su desaparición electoral, la colectividad logró superar el umbral nacional y asegurar representación en el Senado, consolidando un espacio político propio. Sin embargo, el resultado también dejó claro que Salvación Nacional aún no cuenta con una estructura territorial comparable a la de los partidos tradicionales.
Pero reducir el fenómeno de Salvación Nacional a una debilidad organizativa sería un error analítico. Buena parte de su votación parece estar vinculada directamente a la figura de Abelardo de la Espriella y a la narrativa política que ha construido en los últimos años: un discurso de orden, autoridad y confrontación frontal con el petrismo que conecta con sectores del electorado conservador y de derecha. En ese sentido, más que un candidato de maquinaria, Abelardo se perfila como un candidato de opinión fuerte, capaz de movilizar votantes a partir de su liderazgo personal y sus patrocinadores.
Esto abre un escenario interesante de cara a la presidencial. Si bien Paloma Valencia emerge como la favorita dentro de la centroderecha institucional, Abelardo podría desempeñar el papel de “caballo negro” de la contienda: un candidato que, aun sin la estructura tradicional de los grandes partidos, logra consolidar un voto ideológico significativo y se vuelve decisivo en una eventual segunda vuelta.
El Meta: política sin maquinaria
Un ejemplo revelador de esa dinámica se encuentra en el departamento del Meta. Allí, la candidatura de Ximena Calderón, por Salvación Nacional, logró cerca de 25.000 votos a la Cámara de Representantes, una cifra significativa si se considera que su campaña se desarrolló sin maquinaria política, sin respaldo de estructuras institucionales como gobernación o alcaldías y sin el apoyo de redes clientelares tradicionales.
En un departamento donde buena parte de la competencia electoral está asociada a estructuras regionales consolidadas, ese resultado evidencia la existencia de un voto de opinión conservador emergente, todavía insuficiente para ganar una curul, pero relevante como indicador político. Más que un simple resultado electoral, la votación obtenida por Calderón refleja la capacidad de la narrativa de Salvación Nacional para penetrar en territorios donde históricamente han dominado otras fuerzas políticas.
El Congreso como antesala presidencial
En suma, el Congreso elegido en 2026 no solo redefine la correlación de fuerzas legislativas: anticipa el campo de batalla presidencial. El petrismo llega fortalecido; el uribismo conserva su capacidad competitiva; el centro busca redefinirse alrededor de figuras como Oviedo; y nuevos actores como Salvación Nacional intentan capitalizar un voto de opinión que todavía está en proceso de consolidación.
Nos veremos en mayo, porque en Colombia las legislativas rara vez son el final de una historia política: casi siempre son el primer movimiento de la siguiente batalla por el poder.
Resumen y contexto
Resumen (clic para ver)
Por: Augusto Hernández Las elecciones legislativas del 8 de marzo de 2026 dejaron una conclusión inmediata: el Congreso que surgió de las urnas es, en realidad, el primer capítulo de la contienda presidencial. Los resultados no solo redistribuyeron el poder legislativo, sino que ordenaron el mapa político alrededor de polos más definidos y redujeron el espacio para proyectos intermedios. De acuerdo con los resultados del pre-conteo nacional, el Pacto Histórico se consolidó como la primera fuerza del Senado con cerca de 4,4 millones de votos (22,7%) y alrededor de 25…












