Venezuela: la captura y una transición en disputa entre soberanía y tutela
Por: @RanieroCassoni
Los acontecimientos recientes en Venezuela no deben interpretarse como un episodio aislado ni como una ruptura súbita, sino como la expresión visible de un agotamiento estructural. Se trata del cierre de un ciclo político que durante años simuló negociación mientras clausuraba, de manera progresiva, toda posibilidad de competencia real.
Desde los diálogos impulsados en República Dominicana pasando por los acuerdos de Barbados, hasta el proceso electoral del 28 de julio de 2024, el patrón fue consistente: compromisos incumplidos, institucionalidad instrumentalizada y uso selectivo del poder coercitivo del Estado.
Las elecciones de julio no constituyeron una anomalía, sino la culminación lógica de ese proceso. La ausencia de actas verificables, la inhabilitación de candidatos, la represión y las restricciones a la campaña confirmaron el cierre definitivo de la vía electoral como mecanismo de alternancia.
Este diagnóstico no descansa únicamente en denuncias políticas. Informes sistemáticos de la Organización de las Naciones Unidas, elaborados por misiones encabezadas por Michelle Bachelet, documentaron violaciones reiteradas a los derechos humanos, consolidando el carácter autoritario del régimen liderado por Nicolás Maduro.
El quiebre operativo del statu quo
Las operaciones militares recientes en territorio venezolano han sido objeto de múltiples narrativas. Más allá de la propaganda, los indicios disponibles apuntan a acciones de carácter selectivo, dirigidas a objetivos estratégicos y no a la población civil. Sin embargo, el dato más relevante no es la operación en sí, sino la respuesta posterior.
La ausencia de una reacción militar coordinada, la falta de confrontación prolongada y la inexistencia de una narrativa coherente de resistencia sugieren un fenómeno más profundo: fracturas internas en el aparato de poder. En regímenes altamente centralizados, la inacción suele ser más reveladora que la acción, pues indica desalineamientos en la cadena de mando o decisiones deliberadas de no confrontación tomadas desde los propios centros de decisión.
Transición sin ruptura: correlación de fuerzas
La captura de Maduro y de Cilia Flores abre una ventana de transición, pero no implica un vacío de poder ni una refundación inmediata del sistema. El escenario más plausible es el de una transición administrada, condicionada por la correlación de fuerzas internas y por los incentivos externos.
Desde la lógica estratégica de Donald Trump, comienza a perfilarse una salida pragmática que privilegia estabilidad operativa sobre ruptura institucional. En ese marco, Delcy Rodríguez y Jorge Rodríguez emergen como actores funcionales: operadores con experiencia negociadora, redes internacionales activas y capacidad de control administrativo.
El principal factor de veto sigue siendo Diosdado Cabello, cuyo capital político descansa más en la movilización radical y la coerción informal que en la gobernabilidad. En contraste, el ministro de Defensa Vladimir Padrino López ha mostrado señales de aislamiento, reforzando la percepción de fragmentación. A este tablero se suma el poder territorial de Carmen Meléndez, una variable que no debe subestimarse en escenarios de estabilización.
Las transiciones no se construyen desde principios normativos, sino desde equilibrios de poder. En el corto plazo, los Rodríguez representan una opción de gobernabilidad mínima. Sin embargo, dicha gobernabilidad carecerá de sostenibilidad sin legitimidad social.
Oposición, pacto social y garantes
Ningún proceso transicional será viable sin la incorporación efectiva de la oposición. La reconstrucción del pacto social no es un gesto simbólico, sino un requisito funcional para recuperar confianza interna, atraer apoyo internacional y evitar escenarios de colapso prolongado.
En este punto, el rol de María Corina Machado resulta estratégico. La preservación de su liderazgo simbólico, combinada con una conducción operativa encabezada por Edmundo González y un equipo plural, ampliaría el margen para una negociación creíble.
La Iglesia Católica, junto con actores internacionales como España, Francia, Noruega, Brasil y Estados Unidos, será determinante como garante de reglas mínimas y cronogramas verificables.
Recursos estratégicos y tutela externa
El interés estadounidense en Venezuela responde menos a una lógica ideológica que a consideraciones económicas y geoestratégicas. La narrativa de una deuda histórica derivada de la nacionalización petrolera opera como marco legitimador para condicionar el acceso a los recursos.
El riesgo es evidente. Sin instituciones legítimas y reglas claras, cualquier esquema de administración reproduce patrones de dependencia y exclusión ya conocidos. Venezuela vivió este ciclo durante el auge petrolero de los años 2000, cuando la renta se diluyó entre clientelismo, corrupción y gasto improductivo, dejando un Estado debilitado y una sociedad empobrecida.
El desafío del porvenir
Venezuela no enfrenta simplemente un relevo de liderazgos, sino una reconfiguración del poder real. La transición, de materializarse, será negociada, incompleta y condicionada por intereses internos y externos.
La variable decisiva no es el cambio en la cúspide, sino la capacidad de reconstruir legitimidad, restablecer reglas e integrar actores. Sin pacto social no hay transición sostenible. Sin inclusión no hay estabilidad. Y sin instituciones, cualquier solución será apenas un interregno antes de una nueva crisis.
Resumen y contexto
Resumen (clic para ver)
Venezuela: la captura y una transición en disputa entre soberanía y tutela Por: @RanieroCassoni Los acontecimientos recientes en Venezuela no deben interpretarse como un episodio aislado ni como una ruptura súbita, sino como la expresión visible de un agotamiento estructural. Se trata del cierre de un ciclo político que durante años simuló negociación mientras clausuraba, de manera progresiva, toda posibilidad de competencia real. Desde los diálogos impulsados en República Dominicana pasando por los acuerdos de Barbados, hasta el proceso electoral del 28 de julio de 2024, el patrón fue consistente:…










