Alejandro Moreno: el opositor que incomoda porque sí hace política
Por: Eduardo Carbajal. Estratega Político
En un escenario donde la política mexicana parece cada vez más un reality show mal producido, hay una figura que ha sabido jugar el papel más incómodo para el oficialismo: Alejandro Moreno Cárdenas, presidente nacional del PRI. No por gritar más fuerte, sino por hacer algo que en Morena cada vez cuesta más trabajo: pensar estratégicamente y mantener unidad. Mientras Morena ha apostado por la improvisación, la narrativa del “todo está bien” y las peleas internas, Alejandro Moreno ha utilizado una herramienta simple pero poderosa: las ruedas de prensa claras, directas y con mensaje político. Ahí ha marcado agenda, ha denunciado contradicciones y, sobre todo, ha logrado mantener alineados a senadores y diputados priistas, algo que hoy parece ciencia ficción en el bloque oficialista.
Los números hablan más que los discursos. En 2025, la aprobación del gobierno y de Morena mostró una tendencia sostenida a la baja, especialmente en percepción de corrupción, seguridad y gobernabilidad. Al mismo tiempo, el PRI —sin ser mayoría— logró posicionarse como la oposición más constante y articulada en el Congreso. No es casualidad. Alejandro Moreno entendió que la oposición no se gana con likes, sino con disciplina interna y conflicto bien dirigido. Mientras en Morena los senadores se contradicen entre sí y los diputados se desmarcan para salvar su futuro político, en el PRI el mensaje ha sido uno solo: confrontar al poder con datos, con denuncias y con presencia.
El escándalo político que envolvió recientemente a Adán Augusto López no surgió de la nada ni se apagó con una mañanera. Fue impulsado y sostenido por la presión opositora, particularmente desde el PRI. Alejandro Moreno fue claro: no dejar pasar contradicciones ni cerrar filas ante el abuso de poder. El resultado fue evidente: Morena tuvo que defenderse entre ellos, justificar lo injustificable y pagar el costo político. Ahí quedó claro quién empuja los temas incómodos y quién solo reacciona.
Otro episodio clave ocurrió en el Senado en 2025 con Gerardo Fernández Noroña. Su estilo estridente, que durante años fue tolerado por Morena y el PT, terminó por cansar incluso a sus aliados. Tras una discusión que escaló más allá del show, Noroña quedó políticamente aislado, sin respaldo real ni en el PT ni en Morena. ¿Quién capitalizó el momento? El PRI. No con gritos, sino exhibiendo la contradicción: un “defensor del pueblo” abandonado por su propio bloque. A veces el silencio estratégico pesa más que mil insultos… y Noroña lo comprobó en carne política propia.
El triunfo del PRI en Durango fue el tercer golpe claro. Ahí no hubo excusas ni narrativas alternativas que resistieran. La elección evidenció dos cosas: Que el PRI aún sabe competir cuando hay estructura y liderazgo. Que Andy López Beltrán, pese al apellido, no logró demostrar capacidad política ni operación electoral efectiva. Durango confirmó que Morena no es invencible y que el desgaste ya se traduce en derrotas reales, no solo en encuestas incómodas. Tres hechos, una conclusión Adán Augusto cuestionado. Noroña aislado. Morena derrotada en Durango. En los tres escenarios, Alejandro Moreno salió fortalecido, no porque sea perfecto, sino porque entendió algo básico: la política no se hace con fe ciega ni con propaganda eterna, se hace generando conflicto, señalando errores y obligando al poder a rendir cuentas. Hoy Morena enfrenta una baja aprobación, divisiones internas y figuras desgastadas. Y mientras ellos buscan culpables, el PRI —contra todo pronóstico— volvió a hacer lo que mejor sabe cuando tiene liderazgo: incomodar al poder.
Porque al final, en política, el que más molesta… suele ser el que va ganando terreno.
Y Morena, por si no lo han notado, ya no se ríe tanto.

