¿Y los cien días de la oposición? | Elliot Coen
Por Elliot Coen
Han pasado cien días desde que la administración de Fernández Delgado tomó el timón en Costa Rica, y el escrutinio público ha sido implacable con el oficialismo: encuestas, evaluaciones y métricas de desempeño inundan el debate diario. ¿Pero qué hay de la otra mitad del tablero? El silencio analítico sobre los primeros cien días de la oposición es, desde la perspectiva de la comunicación política y estratégica, una omisión imperdonable. En el campo de batalla digital de nuestra época —donde la indignación se diseña con algoritmos y el electorado a veces parece más sintético que real— Costa Rica ya no celebra aquella fiesta democrática que nos definió históricamente. Hoy respiramos el ambiente tóxico de una guerra civil virtual que fragmenta, tuit a tuit, nuestro tejido social.
En octubre del año pasado, un estudio que realizamos junto a la firma argentina de Gabriel Silavinski arrojó un dato contundente: el 63% de los costarricenses responsabiliza a la oposición de esta violencia digital. He insistido, tanto en chats privados como en reuniones con dirigentes políticos, que enfrentar a una administración que ostenta más del 50% de aprobación mediante el choque frontal es un error de cálculo masivo. El contraste político ruidoso, puro y simple, no debilita al adversario; lo fortalece.
El electorado costarricense ya planteó un dilema moral muy claro: los mismos de siempre o no. En 2024 eligieron el antisistema, y recientemente reafirmaron esa continuidad con un aplastante 48% de los votos emitidos. El político que no entienda este humor social está condenado a la irrelevancia.
Sin embargo, el letargo social no se gesta solo en las redes; tiene su epicentro físico en el Congreso. Como primer poder de la República, la Asamblea Legislativa es hoy la institución que tiene paralizado a este país. El esfuerzo supremo de la oposición debería concentrarse, única y exclusivamente, en dar resultados que recuperen la credibilidad de los costarricenses en su parlamento. La labor fundamental de los diputados es legislar. No es generar contenido para TikTok, ni enfrascarse en una pelea de gallos en el plenario utilizando las mismas “palabrotas” que tanto le critican al oficialismo. Tampoco se les eligió para hacer obstruccionismo. Una mala práctica politiquera que no construye patria. Empleen la energía en conciliar y no es hacer mociones para atrasar las decisiones.
Si queremos recuperar el país y llevarlo por el buen camino, los diputados —de uno y otro bando— tienen que sacar el tico que cada uno lleva adentro: ese costarricense que conversa, que busca acuerdos y que da resultados. A la oposición le ofrezco una sugerencia táctica de supervivencia: dejen de hablarse entre ustedes mismos. A sus círculos de WhatsApp no hay que convencerlos de nada; ya están convencidos. Es hora de hablarle al costarricense desilusionado. Al ciudadano frustrado. Al votante herido. Y a ellos no se les habla con gritos ni con alianzas de cristal diseñadas para la foto de turno; se les habla con leyes que desentraben el país.
¿Van a seguir consumiendo las valiosas horas legislativas —que nos cuestan tantos millones a los costarricenses— para seguir pateando la bola como lo han venido haciendo los últimos 20 años? Podrían, con voluntad y rigor ético, resolver de una vez por todas el saqueo ambiental y económico en Crucitas. Podrían definir con valentía las jornadas 4/3, transparentar el debate sobre la venta de activos del Estado, aliviar la asfixiante mora judicial, rescatar nuestra colapsada infraestructura vial, frenar en seco el deterioro de nuestra educación y, con urgencia absoluta, devolvernos nuestra seguridad ciudadana y social.
La verdadera oposición no necesita gritar más fuerte; necesita recobrar su identidad y su humanidad. En 2023, una investigación neurocientífica nos reveló que el 72% de los costarricenses aún siente una profunda afinidad con la socialdemocracia. Pero los partidos tradicionales perdieron su brújula. El PLN dejó de pensar en grande, el PUSC olvidó la doctrina social que lo vio nacer y el PAC sepultó su defensa de las minorías.
Recuperar el poder exige recuperar el alma. La conexión real con el ciudadano requiere entender que la política no es un juego de tronos abstracto; son las personas. Es el dolor del que espera en una lista de la Caja, el miedo del que camina por un barrio inseguro, la frustración del que no encuentra empleo. Es hora de abandonar la trinchera del ruido y reconstruir las bases éticas de nuestra democracia, recordando siempre que, en el esfuerzo por sanar a nuestra sociedad, por encima de las encuestas, los algoritmos y los egos, está la ciudadanía y su dignidad.
Resumen y contexto
Resumen (clic para ver)
¿Y los cien días de la oposición? | Elliot Coen Por Elliot Coen Han pasado cien días desde que la administración de Fernández Delgado tomó el timón en Costa Rica, y el escrutinio público ha sido implacable con el oficialismo: encuestas, evaluaciones y métricas de desempeño inundan el debate diario. ¿Pero qué hay de la otra mitad del tablero? El silencio analítico sobre los primeros cien días de la oposición es, desde la perspectiva de la comunicación política y estratégica, una omisión imperdonable. En el campo de batalla digital de…










