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    Inicio » ¿Por qué ganó otra vez Trump en 2024? Una perspectiva metaestratégica
    Costa Rica

    ¿Por qué ganó otra vez Trump en 2024? Una perspectiva metaestratégica

    noviembre 27, 2024Updated:noviembre 4, 202540 Mins Read
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    Captura de pantalla del sitio web Sufragio.
    WordPress news update on November 28, 2024.

     
    Por Gisela Rubach Lueters

    Las elecciones presidenciales de
    Estados Unidos en 2024 quedaron inscritas en un contexto de tensiones profundas
    y divisiones sociales que hace pocos años habrían sido impensables. Este año,
    la contienda electoral trajo consigo un clima cargado de insatisfacción
    generalizada, con la economía tambaleante y el descontento hacia las políticas
    demócratas que parecían impregnar cada rincón del país. Drogadicción,
    inflación, inseguridad laboral y un crecimiento económico desigual fueron
    algunos de los factores que lograron movilizar al electorado y generar una ola
    de apoyo hacia Donald Trump, cuya propuesta hacía sentido a quienes buscaban
    una solución concreta a sus problemas cotidianos. La situación demandaba una
    narrativa clara y sólida sustentada en el uso de arquetipos acertados, y Trump
    logró configurarla a través de su discurso, apelando a los valores
    tradicionales y prometiendo un regreso a la estabilidad económica.
     

    Desde el inicio, observé cómo la
    polarización política marcaba cada aspecto de la campaña. En este entorno tan
    dividido, el “wokeismo” y las políticas de identidad se convirtieron
    en temas polarizantes que Trump manejó con habilidad estratégica. Su narrativa
    se centró en confrontar de manera frontal estos movimientos, presentándolos
    como un obstáculo para la unidad nacional y un riesgo para los valores con los
    que millones de estadounidenses se identifican. A lo largo de su campaña, Trump
    supo captar este sentimiento, que interpretó y proyectó como una resistencia
    contra políticas que, en su visión, habían llevado al país a un punto de
    fractura social.
     

    Kamala Harris, por el otro lado,
    optó por una estrategia distinta, buscaba fortalecer el apoyo de los sectores
    progresistas, minorías y jóvenes votantes. Su campaña se volcó en figuras del
    entretenimiento y las redes sociales, y apoyos como el de Bruce Springsteen,
    Beyoncé, Katy Perry y Taylor Swift formaron parte integral de su estrategia.
    Sin embargo, para muchos votantes, esta inclinación hacia el respaldo de
    figuras públicas resultó ser un arma de doble filo, ya que, según mi
    observación, alejó a los sectores que esperaban un enfoque más serio sobre los
    problemas económicos. Tal como se señala en el excelente artículo “What I Got
    Wrong in 2024” (Jong Fast, 2024) publicado por Vanity Fair señaló cómo la campaña de Harris terminó luciendo
    elitista y desconectada de la realidad de gran parte de la población, que veía
    sus necesidades insatisfechas y buscaba respuestas concretas a cuestiones como
    la inflación y la falta de oportunidades de trabajo.

    Trump, en cambio, se apegó a un
    mensaje claro y directo, enfocado en los problemas económicos y la seguridad,
    dos temas que lograrán conectar de manera casi universal con el electorado. Su
    estilo directo y, en muchos casos, simplificado, transmitía soluciones
    accesibles y tangibles, un enfoque que he aprendido a valorar en mi práctica
    profesional como una estrategia efectiva en tiempos de incertidumbre. Vi cómo
    su discurso logró resonar con un sector amplio de la población, especialmente
    con la clase y trabajadores que se sentían ignorados por las políticas de la
    élite gobernante. Frente al enfoque de Harris, que se diluía entre las
    apariciones de influencers y celebridades, el mensaje de Trump se sintió
    inmediato y honesto, lo cual resultó en una conexión directa con las
    inquietudes y el malestar del electorado.

    Además de su retórica directa, Trump
    se apoyó en herramientas digitales avanzadas que fueron cruciales para la
    efectividad de su campaña. Una de las estrategias que observé y que considero
    clave en su éxito fue lo que desde hace ya años bauticé como “metaestrategia”:
    un enfoque basado en el análisis de Big Data para manejar múltiples situaciones
    complejas para potenciar la capacidad de adaptación de estrategias,
    subestrategias, acciones directas y acciones mixtas en tiempo real. A través de
    esta metodología –que ignoro si ellos así la llamen pero coincide plenamente
    con el planteamiento que he expuesto en diversos foros– el equipo de Trump
    logró identificar y segmentar a su audiencia para adaptar mensajes específicos
    y ajustar tácticas continuamente según el pulso del electorado con una
    precisión temporal admirable. Desde el principio, me impresionó la agilidad con
    la que sus asesores de comunicación respondían a los cambios del contexto,
    ajustando el discurso para sintonizarlo con las inquietudes de su predominante
    (Rubach, 2023), incluso lo pude notar
    en primera persona durante mi estancia en Washington D.C. donde analicé  encuestas y monitoreos, hice etnografía con
    votantes, hablé con expertos de todo el mundo, revisé whitepapers y, con ello,
    pude anticipar 48 horas antes que el regreso del polémico expresidente era
    inexorable. No me equivoqué.
     

    De igual manera, en mis andanzas por
    la capital estadounidense concluía que la campaña de Harris, a pesar de un
    arranque explosivo tras la dimisión del presidente Biden, mantuvo un tono
    continuo, sin grandes variaciones, y aunque se enfocó en un discurso
    progresista y de justicia social que lentamente fue moderando, no tuvo la
    flexibilidad para responder con rapidez a las inquietudes económicas del
    electorado. Esta lentitud y falta de adaptación, en mi opinión, fue una de las
    mayores debilidades de su estrategia, pues le restó la capacidad de conectarse
    con un electorado que esperaba propuestas actualizadas y respuestas inmediatas
    ante la complejidad de la situación económica.

    El descontento social y el rechazo
    al “wokeismo” se reflejaron en una clara transición en la cultura
    política estadounidense que las acólitas del progresismo llaman regresión pero
    que terminarán sufriendo como un nuevo futuro de la nación radiante de
    testosterona. Si bien es cierto hay fuerte contenido regresionista por el gran
    referente es la arrolladora campaña republicana de 1984 de la cual, incluso,
    adoptaron hasta el eslogan “Make America Great Again” que ahora identifica esa
    ala radical conservadora, es importante poner atención al apunte de Ed Kilgore
    para New York Magazine en el cual subraya que “en 1984, Reagan ganó en 49
    estados y ganó el voto popular nacional por un 18 por ciento. Los demócratas de
    hoy están traumatizados por los avances de Trump en 2024 en Nueva York. Ronald
    Reagan ganó Nueva York dos veces (la
    segunda vez por 8 puntos porcentuales). No, los republicanos en realidad no
    crearon el “bloqueo del Colegio Electoral” que los demócratas temían después de
    1984, pero la Revolución Reagan tuvo suficiente fuerza residual para llevar a
    un vicepresidente relativamente débil, George H. W. Bush, a una sólida victoria
    presidencial en 1988”. Esto hace obligado adelantarse a un futuro posible en el
    cual Elon Musk, J.D. Vance o su yerno Jared Kushner podrían continuar la
    hegemonía conservadora con el sello dinástico de la casa.
     

    Es importante recalcar que en esta
    elección, amplios sectores de la clase trabajadora y votantes moderados con
    fuertes simpatías hacia los demócratas expresaron su frustración con políticas
    que perciben como excesivamente centradas en cuestiones de identidad. Trump
    aprovechó este sentimiento, construyendo su figura como un candidato dispuesto
    a restaurar un sentido de unidad nacional y estabilidad. En este contexto, su
    victoria de trasciende la mera elección y refleja un cansancio hacia las
    políticas de cancelación, corrección política social que inició en el ámbito
    académico y ya era endémica hasta en pequeñas empresas familiares, reforzado
    con el ariete de un electorado que anhela un retorno a las prioridades básicas:
    economía y seguridad.
     

    El manejo de su presencia en redes
    sociales y medios de comunicación fue otro de los factores decisivos de su
    campaña. En una era en la que la inmediatez y la constante exposición son
    esenciales, Trump logró mantener una presencia activa, tanto en redes como en
    medios tradicionales trascendiendo aquellos en los que su apoyo es total como
    la cadena Fox y logrando inclinar la balanza en diarios y cadenas televisivas
    con más coincidencia hacia la mascota del burro. Su capacidad para generar
    titulares, polarizar opiniones y mantenerse en el centro de la conversación
    pública reflejaba lo que Robert Greene llama “Llamar la atención a toda
    costa” (Greene, 2000). Vi cómo, a través de mensajes incisivos y directos,
    logró destacar en la narrativa mediática, algo que, en muchas ocasiones,
    eclipsó el mensaje de su oponente y mantuvo la atención de la audiencia en su
    figura. El mejor ejemplo fue en el debate cuando lanzó el disparate de que los
    gatos domésticos estaban siendo depredados por migrantes, lo cual le mereció una
    gran exposición gracias a las canciones compuestas con la frase y los memes al
    respecto.
     

    Observé también cómo Trump construyó
    su mensaje en torno a la idea de la “América tradicional”,
    confrontando lo que calificaba como un exceso de “wokeismo” y
    proponiendo un retorno a valores fundamentales. Para muchos sectores, su postura
    representaba un anhelo de cohesión en medio de un ambiente polarizado. Esta
    estrategia, en mi análisis, fue decisiva en su éxito, ya que capturó el
    sentimiento de aquellos que percibían que la identidad y los valores de su país
    estaban siendo erosionados. Frente a este planteamiento, Harris mantuvo una
    postura enfocada en la inclusión y la diversidad, apelando a los votantes
    progresistas, pero perdiendo resonancia entre quienes priorizaban temas
    económicos y de seguridad sintetizados en la palabra libertad.
     

    Análisis FODA de las campañas de 2024 

    El análisis FODA propuesto
    originalmente por Humprey desde 1962 (Nieves-Medrano, 2018) aún sigue
    prooporcionando un marco claro para evaluar las estrategias y tácticas de ambas
    campañas. Desde la fortaleza de la conexión de Trump con el electorado hasta las
    debilidades en la falta de flexibilidad de la campaña de Harris, este enfoque
    ayuda a identificar los elementos críticos que configuran los resultados
    electorales.
     

    Fortalezas: La campaña de Trump mostró su
    fortaleza al mantener una narrativa con arquetipos sólidos que expondré más
    adelante, coherente y alineada con las preocupaciones tangibles de los
    votantes. Su énfasis en temas económicos como la inflación y la seguridad económica
    fue central para conectar con una gran parte de la clase trabajadora y los
    moderados. Según Freedman (2013), la efectividad de una estrategia depende en
    gran medida de su capacidad para dirigirse a los puntos básicos y atacarlos
    contundentemente; lo traduzco al ámbito electoral como dirigirse a las
    preocupaciones básicas del electorado y construir una conexión emocional con
    ellos. La campaña de Trump logró esto a través de un mensaje claro y directo,
    proyectando una imagen de estabilidad y compromiso con los intereses del
    “ciudadano común”.

    Oportunidades: Trump aprovechó el “hartazgo woke”
    y el descontento de las presiones hacia políticas de corrección política, usó
    este sentimiento para fortalecer su base y atraer a nuevos sectores. Su
    habilidad para capitalizar en esta oportunidad, mediante un discurso que
    rechazaba el progreso excesivo, le permitió ganar apoyo adicional en sectores
    que sentían sus valores tradicionales amenazados disparando soluciones que
    sonaban posibles aunque no lo fueran. De acuerdo cons Baños (2022), en un
    contexto de polarización, las oportunidades se encuentran a menudo en
    posicionarse como una alternativa frente al status quo, y esto fue algo que
    Trump explotó eficazmente al ofrecer un retorno a la “América tradicional” y
    dejar atrás las torpezas de Biden y Harris.

     

    Debilidades: La campaña de Harris, por otro
    lado, mostró debilidades al depender excesivamente de figuras públicas e
    influencers para captar la atención del electorado, lo que a menudo se percibió
    como un enfoque elitista y desconectado de las preocupaciones reales de los
    votantes. Kotler y sus coautores (2024) afirman que la autenticidad y el
    enfoque en las necesidades reales del público son factores críticos en
    cualquier esfuerzo de marketing desde sus primeras versiones hasta convertirse
    en un elemento clave para lograr la inmersividad, lo cual se traduce de igual
    manera a una campaña.
     

    En este sentido, aunado que entró
    tarde a la contienda, la dependencia de Harris en el respaldo de celebridades
    con un mega influencer marketing
    debilitó su conexión con los sectores más afectados por la inflación y la
    inseguridad económica, quienes vieron en estas personalidades muy acomodadas y
    exitosas, la personificación de lo que les tenía indignados en el contexto
    percepcional de los votantes estadounidenses.

    Amenazas: Una amenaza compartida para ambas
    campañas fue el ambiente de desinformación y polarización exacerbado por las
    redes sociales y los medios de comunicación. Aunque Trump dominó este entorno
    de manera efectiva desde 2016 y 2020, también enfrentó riesgos derivados de la
    difusión de información falsa o engañosa, lo que podría haber afectado su
    responsabilidad a largo plazo. Para Harris, la desinformación representó un
    desafío en cuanto a la manipulación de su mensaje y el impacto negativo en la
    percepción de su campaña, incluso le restó simpatías rebajar su discurso y
    tratar de emular el estilo trumpista. Así lo he señalado en los artículos
    publicados en los libros de la Cumbre de Comunicación Política que edita La
    Crujía, la desinformación es una amenaza fundamental en las campañas modernas,
    ya que distorsiona el mensaje y dificulta una conexión clara con el electorado
    como uno de los riesgos latentes en las metacampañas políticas impulsadas por
    inteligencia artificial y plataformas digitales (Rubach, 2023).
     

    El papel de la Inteligencia Artificial en el triunfo de
    Trump
     

    En el artículo “AI’s Underwhelming Impact on the 2024 Elections”, Andrew
    R. Chow analiza cómo, a pesar de las preocupaciones iniciales sobre la
    influencia de la inteligencia artificial (IA) en las elecciones de 2024, su
    impacto fue menor al anticipado. Aunque se temía que la IA pudiera propagar
    desinformación a través de deepfakes
    y campañas publicitarias personalizadas mediante microsegmentación
    geolocalizada, estas tecnologías no desempeñan un papel significativo en la
    alteraciones del proceso electoral. Según el artículo, “los temores de que
    la elección fuera descarrilada o definida por la IA ahora parecen haber sido
    exagerados” (Chow, 2024).
     

    Chow destaca también que, aunque se
    compartieron deepfakes políticos en las redes sociales, estos representaron
    solo una pequeña parte de campañas de desinformación más amplias. Además, la
    Comunidad de Inteligencia de EE.UU. Señaló en septiembre que, si bien actores
    extranjeros como Rusia utilizaron IA generativa para “mejorar y
    acelerar” los intentos de influir en los votantes, estas herramientas no
    “revolucionaron tales operaciones”. El artículo concluye que, aunque
    la IA no tendría –ni tuvo, agrego– un impacto tan significativo en los
    resultados de las elecciones de 2024, es probable que su influencia crezca en
    futuros procesos electorales a medida que la tecnología avance y su uso se
    generalice entre el público y los operativos políticos.
     

    La reciente victoria ha generado un
    debate profundo sobre el rumbo de la inteligencia artificial (IA) en Estados
    Unidos. Durante su campaña, Trump prometió derogar la orden ejecutiva sobre IA
    emitida por el presidente Biden en octubre de 2023. Esta orden buscaba
    establecer directrices para el desarrollo seguro y responsable de la
    tecnología, en respuesta a los crecientes desafíos éticos y de seguridad que
    plantea la IA (Booth y Pillay, 2024). La administración de Trump ha criticado
    estas regulaciones, calificándolas de restrictivas y acusándolas de promover
    “ideas de izquierda radical” que, según sus partidarios, limitan el crecimiento
    y la innovación en el sector tecnológico.

    A pesar de que él mismo ha
    reconocido los riesgos que implican la IA, señalando que podría convertirse en
    una tecnología “muy peligrosa” –opinión que de pronto comparte su
    gran amigo Elon Musk–, que requerirá enormes cantidades de energía para su
    desarrollo y funcionamiento, varios expertos prevén que la Casa Blanca adoptará
    un enfoque desregulador en los próximos años (Wiggers, 2024). En lugar de
    imponer controles estrictos, se anticipa que la administración priorice
    políticas proempresariales, reducirá restricciones e incentivará la inversión
    en IA, con lo que podría beneficiar enormemente a las grandes compañías
    tecnológicas, tales como Microsoft, Google y Amazon, así como a los
    contratistas de defensa como Palantir (Laidley, 2024).

    Este enfoque ha sido bien recibido
    por líderes de la industria tecnológica, quienes expresaron sus felicitaciones
    y optimismo tras la victoria de Trump. Los directores ejecutivos de Apple,
    Google, Amazon y Microsoft enviaron mensajes de apoyo, lo que subraya la
    expectativa de que la nueva administración favorece la innovación y el
    crecimiento en el sector (Times of India, 2024). Sin embargo, esta política
    también despierta preocupaciones significativas. Algunos analistas advierten
    que el enfoque de Trump podría derivar en un “salvaje oeste”
    tecnológico, en el cual las empresas persigan ventajas competitivas sin una
    regulación adecuada que mitigue riesgos éticos y de seguridad. Esto podría
    fomentar un entorno en el que las salvaguardas en el desarrollo de la IA sean
    insuficientes, aumentando así la posibilidad de efectos adversos en la sociedad
    y el mercado laboral. La falta de controles regulatorios en un contexto de
    innovación acelerada podría, en consecuencia, incrementar los peligros relacionados
    con el uso irresponsable de la IA.
     

    Si bien la administración de Trump
    podría ofrecer un impulso económico al sector tecnológico mediante políticas
    favorables y menos restricciones, esto plantea una serie de desafíos éticos y
    de seguridad que deben considerarse con cuidado.
     

    Análisis de los Arquetipos: Donald Trump y Kamala Harris 

    La elección presidencial de 2024 en
    los Estados Unidos exige un caso de estudio crucial para entender el papel de
    los arquetipos en la narrativa política, la teoría de The Hero and the Outlaw de Carol S. Pearson y Margaret Mark nos
    permite cumplirlo. La identificación y uso estratégico de arquetipos en las
    campañas de Donald Trump y Kamala Harris influyeron considerablemente en el
    resultado de la elección, con Trump resonando eficazmente con el electorado a
    través de su arquetipo primario heróico; mientras que Harris, alineada con el
    arquetipo del “Cuidador”, no consiguió captar de forma tan amplia las
    preocupaciones inmediatas del público. No se la compraron.

     

    Donald Trump: El “Héroe” como Arquetipo Primario

     

    Su arquetipo se construyó
    principalmente alrededor del “Héroe”, un perfil caracterizado por la fuerza, la
    resolución y la lucha por una causa mayor, en este caso, la recuperación de una
    “América fuerte y grande” (Pearson & Mark, 2001). En una época de
    incertidumbre y divisiones sociales, el “Héroe” encarna el rol de defensor de
    los valores tradicionales y la estabilidad económica, promesas que resultaron
    atractivas para una población preocupada por temas de inflación, seguridad y
    empleo. Esta imagen heróica en una cruzada por la “América tradicional” conectó
    fuertemente con su base de presión, reforzaron su postura contra la cultura de
    la cancelación y las políticas de inclusión forzada a lo que consideran
    minorías, identificándolo como un salvador de los valores que perciben en
    riesgo.
     

    Además, el “Héroe” es efectivo en
    tiempos de crisis, ya que apela a la necesidad de un líder fuerte y decidido,
    un Superman. Como señalan Pearson y Mark, “el Héroe responde a una amenaza y
    busca proteger a los suyos” (Pearson & Mark, 2001, p. 67). Trump logró
    explotar este arquetipo, proyectó la imagen de un líder inflexible que
    resistiría cualquier ataque, lo cual dejó más que claro en el ataque fallido
    que se convirtió en la foto de la campaña y quizá en la del año. Su mensaje de
    “rescatar a América” funcionó como un llamado a quienes percibían erosión de su
    identidad cultural, determinante para movilizar a votar hacia su causa.

     

    Arquetipos Secundarios de Trump: El “Forajido” y el “Mago”

     

    Junto al “Héroe”, aunque ya había
    sido presidente, ha sido capaz de mantener el arquetipo del “Forajido” o
    “Rebelde”(outsider) por una década, siempre encuentra acciones que refuerzan su
    imagen de figura antisistema. Esta narrativa fue particularmente efectiva en
    movilizar sectores que desconfían del gobierno y sienten resentimiento hacia
    las élites políticas. Trump se proyectó como un líder capaz de desafiar el
    stablishment, tomó una postura de rebelión contra las políticas progresistas y
    la burocracia en Washington. Como explican Pearson y Mark, “El Forajido desafía
    los límites y lucha contra la opresión” (2001, p. 121). Él encarnó este rol al
    oponerse abiertamente a las políticas de identidad y posicionarse como defensor
    de la libertad de expresión ante la cultura de la cancelación.

    El otro arquetipo secundario de
    Trump, el “Mago”, también fue significativo. En su campaña, utilizó
    herramientas de Big Data y segmentación de mensajes en tiempo real, demostrando
    una capacidad de “transformar” la realidad mediática en favor de su narrativa,
    en la cual, hasta de morir pudo salvarse.
     

    Este enfoque lo ayudó a ajustar
    continuamente su discurso, manteniendo su mensaje relevante y resonante con las
    preocupaciones del electorado. Pearson y Mark afirman que “el Mago tiene el
    poder de cambiar la percepción de la realidad” (2001, p. 95), una habilidad que
    Trump y su equipo explotan para mantener una conexión constante y adaptativa
    con los votantes, casi hasta hipnótica.

     

    Kamala Harris: El “Cuidador” como Arquetipo Primario

    En contraste, la narrativa de Kamala
    Harris giró en torno al arquetipo del “Cuidador”. Este perfil está centrado en
    el servicio, la protección y la empatía, cualidades que la campaña de Harris
    promovió a través de temas de inclusión, justicia social y apoyo a las minorías
    que añoran su libertad. Sin embargo, en un contexto de crisis económica y
    polarización, el “Cuidador” puede parecer insuficiente para un público que
    prioriza la estabilidad económica y la seguridad. Pearson y Mark señalan que el
    “Cuidador” tiende a centrarse en la comunidad y el bienestar de los demás
    (2001), un enfoque que, aunque valioso en situaciones de estabilidad, no
    siempre logra captar a afectados preocupados por su seguridad económica
    inmediata que prefieren medidas radicales y súbitas que solo un ente con super
    poderes puede lograr.

    Arquetipos Secundarios de Harris: El “Inocente” y el
    “Amante”

    Harris también adoptó aspectos del
    arquetipo del “Inocente”, que se manifiesta en su llamado a la unidad –como en
    la campaña de Biden en 2020– y a la esperanza –como la legendaria campaña de
    Obama en 2008–. Este arquetipo busca crear un ambiente positivo y armonioso,
    pero puede parecer desconectado de la realidad en tiempos de adversidad
    económica. En una campaña marcada por una fuerte división ideológica, este
    enfoque tampoco logró atraer a los votantes indecisos, quienes buscaban
    respuestas claras a sus inquietudes económicas más que una apelación a la
    inclusividad. Sentían que estaban en momentos de lobos y no de ovejas.

    Por último, Harris recurrió al
    “Amante” en su dependencia de figuras influyentes del entretenimiento y la
    política para conectarse con los jóvenes votantes. Sin embargo, este arquetipo
    no fue efectivo al hacer click con las preocupaciones de la clase trabajadora y
    los moderados, quienes, como lo he señalado anteriormente, percibieron la
    dependencia de las celebridades como una estrategia superficial y elitista. La
    excesiva dependencia en estos apoyos debilitó su autenticidad y limitó su
    conexión directa con el electorado, un factor que Kotler (2024) subraya como
    fundamental en cualquier campaña política para concretar la inmersividad, en un
    ámbito físico, mental o metavérsico. Incluso, tuvo que cargar con los negativos
    de personajes como el matrimonio Clinton, Obama, Schwarzenegger enfrentaban
    junto a las celebridades ya mencionadas, acusaciones conspiranóicas dispersadas
    mediante circuitos de campaña negra que también medraron los esfuerzos de la
    californiana.
     

    En resumen, la elección de
    arquetipos fue un factor decisivo en el éxito de Trump y la derrota de Harris
    en 2024. Trump logró adaptar sus arquetipos para proyectar una imagen de
    liderazgo fuerte y resolutivo en un contexto de alta polarización y crisis económica.
    Su combinación de “Héroe”, “Forajido” y “Mago” le permitió conectarse
    profundamente con los votantes al presentar una narrativa clara, combativa y
    adaptable, en contraste con la narrativa de Harris, centrada en el “Cuidador”,
    el “Inocente” y el “Amante”, que resultó insuficiente para captar la atención y
    seducir un electorado que demandaba respuestas inmediatas y un liderazgo
    sólido.

    Una perspectiva metaestratégica 

    Tierra: La Conexión con la Realidad del Electorado


    El elemento de tierra en la metaestrategia simboliza la capacidad de una
    campaña para enraizarse en las necesidades concretas de la población (Rubach,
    2023). En su campaña de 2024, Trump aprobó este principio al centrar su mensaje
    en temas económicos y de seguridad, dos preocupaciones tangibles que afectaban
    a un amplio sector de la sociedad.
     

    En medio de una crisis inflacionaria
    y las incertidumbres laborales, el enfoque de Trump en pegó de forma particular
    porque priorizaba el bienestar económico antes que cualquier otro tema. Según
    mi análisis, la clave del éxito en este aspecto radica en la conexión directa
    con el grassrooting de MAGA que se tradujo en acciones políticas focalizadas,
    casa por casa, usuario por usuario.
     

    Agua: La Flexibilidad y Adaptabilidad de la Campaña


    El agua representa la adaptabilidad, la capacidad de una campaña para ajustarse
    a los cambios constantes del entorno político. Durante la elección de 2024, la
    habilidad de Trump para modificar su mensaje según las circunstancias fue un
    factor fundamental en su éxito. Su equipo de campaña utilizóherramientas
    avanzadas de análisis de datos, fue capaz de monitorear el clima social y
    ajustar el discurso de manera ágil hacia el humor de sus potenciales votantes.
    Por ejemplo, cuando surgieron nuevos temas o preocupaciones como la amenaza
    migrante o reshoring de empresas a territorio norteamericano en redes sociales
    o en la conversación pública, el equipo de Trump respondió de inmediato,
    adaptando el mensaje a estas nuevas inquietudes. Este enfoque flexible y dinámico
    mantuvo a la campaña de Trump en constante sintonía con las demandas del
    electorado, fortaleciendo su vínculo con un público que sentía que atención a
    sus preocupaciones en tiempo real en cada plataforma de comunicación social de
    acuerdo a las prestaciones y perfil de usuario que las habitan (Rubach, 2023).
     

    En contraste, la campaña de Harris
    no mostró la misma adaptabilidad. Al mantener un tono y mensaje invariables, la
    candidata demócrata perdió la oportunidad de responder de manera ágil a los
    cambios en el contexto económico y social. Mientras la campaña de Trump fluía
    como el agua, adaptándose a cada giro de la situación, la de Harris se mantuvo
    rígida, enfocada en temas de justicia social y equidad sin tener en cuenta las
    necesidades cambiantes de un electorado que demandaba soluciones concretas. La
    falta de flexibilidad en una campaña es, en mi experiencia, una debilidad que
    puede desconectar al candidato del electorado, ya que el público percibe esa
    rigidez como un síntoma de desconexión o falta de empatía (Rubach, 2023).

    Viento: La Difusión Eficaz del Mensaje


    El viento representa la capacidad de amplificar el mensaje de una campaña y de
    hacerlo resonar profundamente en la audiencia. Trump, desde su vasta
    experiencia en el manejo de medios, utilizó este principio con destreza
    acuática al aprovechar las redes sociales y soplar sus mensajes a los medios de
    comunicación tradicionales para proyectar su narrativa de manera constante y
    con un lenguaje claro que se propagaba como un tornado, rápida y violentamente.
    Su comunicación tenía una consistencia y simplicidad que facilitaban su
    comprensión, se tradujo en un mensaje efectivo y omnipresente que podían
    igualmente entender desde un niño de 10 años, un inmigrante con educación
    trunca y una maestra universitaria de un gran centro urbano. Con cada
    declaración, Trump logró que su postura sobre temas controversiales llegaran a
    una audiencia vasta y diversa, captara la atención por indignación o aprobación
    y mantenerse todo el tiempo en el centro de la conversación pública.
     

    Harris, por su parte, emplea el
    respaldo de figuras públicas e influencers para amplificar su mensaje, pero
    este enfoque quedó corto en comparación con la comunicación directa de Trump,
    quien era por sí solo un terainfluencer más grande y poderoso que cualquiera
    del lado de la vicepresidenta. En mi opinión, ella cometió el error de depender
    demasiado de estos apoyos indirectos en lugar de comunicarse de manera directa
    con el electorado. Según Kotler y otros expertos en comunicación política, un
    mensaje genuino y directo es fundamental para establecer una conexión emocional
    con el público, algo que Harris no alcanzó en la misma medida (Kotler, et al.,
    2024). La diferencia radica en que, mientras Trump dominaba el viento al
    amplificar su mensaje y conectarse directamente con sus votantes, Harris se
    diluía como un silbido entre voces ajenas que le restaron autenticidad y fuerza
    a su campaña, finalmente la candidata era ella, no Taylor Swift.
     

    Fuego: La Energía que Motiva a la Acción


    El fuego en la metaestrategia simboliza la pasión y el poder de una campaña
    para inspirar a sus seguidores a actuar, también es el elemento que concentra
    la inteligencia que prende todos los esfuerzos. Trump hizo gala de una energía
    constante que inyectaba a sus discursos un sentido de urgencia y compromiso
    sustentados en datos duros que se obtenían y analizaban en tiempo real. En
    2024, vi cómo lograba movilizar a su base con una retórica que apelaba más que
    a la razón, a la emoción; más que enarbolar ideas, encendía creencias. Su
    discurso transmitía una misión que cumplir, una batalla que ganar, y eso
    generaba un sentido de propósito y unidad entre sus seguidores. Era una
    película de acción de verano que a la gente le estaba gustando. En mi
    experiencia, el fuego es crucial para movilizar y convertir a los simpatizantes
    en activos defendidos, lo cual representa una ventaja significativa en una
    contienda cerrada (Greene, 2000).
     

    Harris, aunque también contaba con
    una base leal, no logró generar el mismo nivel de entusiasmo y urgencia en su
    campaña. Su mensaje, centrado en temas de justicia y equidad, carecía de la
    intensidad necesaria para inspirar una movilización masiva. La diferencia
    radica en que, mientras Trump proyectaba una energía que movilizaba, Harris
    parecía proyectar una postura menos apasionada, incluso frígida; lo cual hizo
    que su mensaje se percibiera como menos urgente y, en consecuencia, menos
    inspirador. Aristóteles subraya que un líder debe proyectar una presencia
    inspiradora y enérgica para conectarse con su audiencia, y en este aspecto,
    Trump supo explotar el fuego de su discurso, así logró prender y movilizar a
    sus seguidores con un fervor difícil de igualar (Rubach, 2023).
     

    Éter: La Visión Estratégica y la Cohesión de la Campaña


    Finalmente, el éter representa el plano estratégico superior, la capacidad de
    una campaña para integrar todos sus componentes en una visión coherente y de
    largo plazo. En mi modelo de “metaestrategia”, el éter es el elemento
    que da cohesión a toda la estructura, unificando la narrativa y presentando una
    imagen de liderazgo sólida y estable (Rubach, 2023) en cualquier ámbito de
    desarrollo. Trump aprobó este principio al proyectarse como el defensor de una
    identidad nacional que muchos sentían amenazada, un fin superior, un común
    denominador, un factor inherente. Al construir una narrativa de “restauración
    de América”, presentó una visión de regreso a los valores tradicionales,
    incluso los instintos básicos, apelando a una identidad nacional fuerte y
    definida, al núcleo identitario. Esta imagen de estabilidad y unidad llegó
    profundamente a los que preferían y anhelaban un país centrado en valores
    compartidos y en un propósito común: la grandeza, lo que quiera que signifique
    eso en la psique social estadounidense.
     

    En cambio, Harris no logró
    consolidar una visión tan unificadora en su campaña. Su mensaje, aunque basado
    en la inclusión y la diversidad, no articuló una narrativa que pudiera captar
    el sentido de pertenencia de un electorado amplio. La falta de una visión
    cohesionada le restó fuerza a su mensaje y proyectó una imagen que, a ojos de
    muchos apoyados, parecía menos sólida y confiable. Kamala no brilló en las
    redes, no brilló en las calles, no brilló en los medios, tampoco en las mentes
    de sus propios simpatizantes; su éter no tuvo la sustancia suficiente para
    cohesionar su esencia. En mi experiencia, el éter es el espíritu que unifica
    cada acción de una campaña, y en este caso, Trump logró utilizarlo a su favor,
    generando una conexión profunda y auténtica con los sectores de la población
    que se sentían excluidos o ignorados por el discurso progresista (Rubach,
    2023).
     

    Lecciones metaestratégicas de las elecciones estadounidenses
    de 2024


    Las elecciones de 2024 dejaron una serie de lecciones fundamentales sobre la
    eficacia de una campaña en tiempos de polarización. En un contexto donde las
    tensiones políticas, económicas y sociales se entrelazan, el éxito de Trump se
    basó en su capacidad para aplicar los cinco elementos de la
    “metaestrategia” en cada fase de su campaña (Rubach, 2023). Desde la
    conexión tangible con el electorado a través del elemento de tierra, hasta la
    energía inspiradora que transmitió mediante el fuego, cada componente de la
    estrategia cumplió una función precisa y complementaria en la consolidación de
    su liderazgo.
     

    Trump mostró una habilidad destacada
    para adaptar su mensaje y responder a las preocupaciones del electorado en
    tiempo real. Su flexibilidad, simbolizada por el agua, le permitió responder a
    los cambios en el entorno político y adaptar su comunicación en función de las
    demandas sociales emergentes (Rubach, 2023). En contraste, la falta de
    adaptabilidad de Harris hizo que su campaña se percibiera desconectada de la
    realidad cambiante y sin la capacidad de ofrecer soluciones inmediatas.

    La comunicación fue otro aspecto
    clave en el éxito de Trump. Mediante el viento, logró amplificar su mensaje y
    conectarse con una audiencia amplia, captando la atención en medios y redes
    sociales, y manteniéndose siempre en el centro de la narrativa pública (Kotler,
    Labrecque, Reavey & Roberts, 2024). Su lenguaje directo, recurrentemente
    soez, normalmente vulgar y accesible le permitió transmitir su postura con
    claridad, algo que Harris no alcanzó a replicar debido a su dependencia en el
    respaldo de figuras externas. Mientras Trump dominaba el viento y lo dirigía
    hacia su electorado, Harris parecía perderse en un enfoque de comunicación
    menos genuino y menos directo, una actitud by the book en un contexto de total
    volatilidad.

    La energía movilizadora de Trump,
    representada por el fuego, también fue un factor clave. Su retórica y su
    presencia transmitían un sentido de misión que motivaba a su base, algo
    esencial para movilizar a los partidarios en un contexto de alta polarización.
    Harris, aunque con una base comprometida, no alcanzó la misma intensidad y no
    se inspiró en el mismo nivel de acción. En la política como en la vida, la
    pasión y la capacidad para proyectar un mensaje de lucha son fundamentales para
    generar el compromiso y la lealtad de los seguidores, y en este sentido, Trump
    supo emocionar para movilizar a su audiencia de manera efectiva.
     

    Por último, la visión cohesionada y
    unificadora de Trump, reflejada en el éter, le dio un sentido de propósito
    claro a su campaña, proyectando una imagen de liderazgo firme y estable.
    Mientras Harris apelaba a una narrativa de equidad y justicia social, su falta
    de cohesión y dirección estratégica le restó poder a su mensaje y la
    distanciación de aquellos electorales que buscaban una visión clara de país. La
    metaestrategia que Trump implementó le permitió unificar los diferentes
    aspectos de su discurso en un propósito común, algo que le brindó una ventaja
    significativa frente a la falta de cohesión en la campaña de Harris.
     

    Escenarios Posibles para la Política Estadounidense


    Las elecciones de 2024 también nos ofrecen una perspectiva interesante sobre
    los posibles escenarios futuros de la política estadounidense. Considero que
    hay cuatro escenarios plausibles para los años siguientes, basados ​​en las
    tendencias y reacciones observadas en esta elección (Freedman, 2023).

    1. Continuidad Conservadora
      Este escenario se basa en la posibilidad de que el enfoque conservador de
      Trump se mantenga como una fuerza dominante en la política estadounidense.
      La base de apoyo conservadora se consolidaría aún más y futuros candidatos
      republicanos podrían adoptar tácticas similares, enfatizando la conexión
      con los valores tradicionales y rechazando políticas progresistas. Este
      escenario plantea la posibilidad de una nueva era de conservadurismo
      populista que pinta para largo, en la que temas de identidad y corrección
      política se relegan a un segundo plano en favor de un enfoque pragmático,
      centrado en la economía y la seguridad. Esto también sugiere que, al
      replicar el éxito de Trump, otros líderes republicanos podrían consolidar
      una fase de estabilidad dentro del movimiento conservador (Brands, 2023).

    2. Resurgimiento Progresista
      Moderado

      En este segundo escenario, las fuerzas progresistas podrían experimentar
      un resurgimiento, pero con un enfoque más moderado y centrado en problemas
      tangibles, como la economía y la salud pública. Los líderes demócratas que
      aspiran a la presidencia en el futuro podrían optar por un enfoque menos
      polarizante, aprendiendo de los errores de la campaña de Harris y
      priorizando las preocupaciones económicas y sociales sobre temas divisivos
      de identidad. Kotler y colaboradores resaltan la importancia de un enfoque
      centrado en el “consumidor” o votante promedio, lo que implica sintonizar
      con sus necesidades y preocupaciones en vez de enfocarse en temáticas más
      divisorias (Kotler et al., 2024). Este enfoque permitiría al Partido
      Demócrata expandir su base al atraer tanto a jóvenes votados como a
      sectores moderados en momentos que señalan el fin de la era Obama.

    3. Fragmentación Política y Mayor
      Polarización

      Un tercer escenario considera una profundización de la fragmentación
      política, en la que las divisiones entre conservadores y progresistas se
      volvían cada vez más pronunciadas, lo que generaba una mayor polarización
      en el sistema político y social, trastocando los límites de la tolerancia
      de diversos segmentos. Esto podría llevar a una situación de parálisis
      política, en la cual la polarización limita la capacidad de acción del
      gobierno y provoca que surjan nuevos movimientos alternativos que
      promuevan una política de sentido común. En este contexto, la sociedad
      podría vivir una tensión continua, donde cada lado se muestra cada vez más
      reticente a dialogar o a llegar a consensos de convivencia básica (Baños,
      2022).

    4. Hiperpolarización y Crisis de
      Legitimidad

      Contempla una intensificación de la polarización hasta un punto en que las
      instituciones políticas pierden legitimidad y se desate una crisis de
      confianza en el sistema democrático. En este escenario, la cultura de la
      cancelación y el rechazo a la corrección política se agudizarían en contra
      de un refortalecimiento de masculinidades tóxicas y acciones
      conservadoras, derivando en tensiones sociales y manifestaciones de
      desobediencia civil a partir de partidarios de aplicación irrestricta de
      los derechos humanos, impulsores de causas como la equidad de género,
      inclusión racial y reconocimiento de diversas preferencias sexuales. Este
      escenario plantea un desafío fundamental para el sistema democrático
      estadounidense, que podría experimentar una serie de crisis políticas y
      sociales si no logra encontrar puntos de acuerdo entre sus sectores
      polarizados.

    Reflexión Final: Un Análisis Integral de las Elecciones de
    2024


    Desde mi experiencia como consultora política que inició en estas andanzas
    justo en la era de Reagan, las elecciones de 2024 en Estados Unidos constituyen
    un claro ejemplo de cómo factores económicos, ideoculturales y de identidad
    conjuntamente pueden definir una contienda electoral, especialmente en tiempos
    de alta polarización, con resultados impensables en otros contextos. Al aplicar
    mi modelo de “metaestrategia” en el análisis de esta elección, pude
    observar cómo los elementos de tierra, agua, viento, fuego y éter influyeron en
    el éxito de Trump y en las limitaciones de Harris, lo que brinda lecciones
    valiosas para futuras. campañas (Rubach, 2023).
     

    La clave para una campaña exitosa en
    un contexto como el de 2024 es una “metaestrategia” que combina los
    cinco elementos de manera equilibrada y adaptativa. Desde una conexión sólida
    con la realidad del votante (tierra), pasando por la flexibilidad para
    adaptarse a los cambios (agua), una comunicación clara y efectiva (viento), una
    energía movilizadora (fuego), y finalmente una visión cohesionada y unificadora
    ( éter), estos principios no solo ayudan a ganar elecciones, sino también a
    construir una relación de confianza y autenticidad con el electorado.
     

    Las elecciones de 2024 nos dejan una
    lección clara: en tiempos de incertidumbre y polarización, el éxito en una
    campaña depende de una estrategia integral que logre mantener la conexión con
    las preocupaciones tangibles del electorado, ajustarse a las circunstancias,
    comunicar con claridad, inspirar a la acción y proyectar una visión de futuro
    coherente. Aquellos líderes que sepan aplicar esta “metaestrategia”
    estarán mejor posicionados para ganar la confianza y el apoyo del electorado en
    los próximos años, y, lo más importante, para liderar en un entorno político
    cada vez más fragmentado.

    Perspectivas de la Metaestrategia en la Política
    Contemporánea


    Al aplicar los principios de la “metaestrategia” en las elecciones de
    2024, se resaltaron no solo los elementos que consolidaron la victoria de
    Trump, sino también las carencias estratégicas de la campaña de Harris. La
    “metaestrategia”, un enfoque que he desarrollado y afinado, sin
    saberlo, a lo largo de mi carrera y aplicado en los años recientes; demuestra
    que una campaña verdaderamente efectiva no se basa únicamente en un mensaje
    central o una estrategia petrea, sino en la adaptabilidad y cohesión de varios
    elementos en torno a las necesidades y percepciones del electorado de manera
    hiperquinética (Rubach, 2023). A medida que observamos el desarrollo de las
    campañas modernas, resulta evidente que los elementos de la metaestrategia son
    aplicables y versátiles en diversos contextos políticos, electorales y
    gubernamentales.
     

    Lecciones Aplicables a Futuras Elecciones y Consultoría
    Política


    En las elecciones de 2024, el uso adecuado de la tierra (conexión con la
    realidad del electorado), el agua (flexibilidad), el viento (comunicación
    efectiva), el fuego (energía movilizadora) y el Éter (visión cohesionada) marcó
    una diferencia decisiva en la percepción de liderazgo y autenticidad que el
    público tiene de un candidato. Esta capacidad para adaptarse a las demandas
    cambiantes del electorado y responder con rapidez a las circunstancias define
    una campaña moderna, más aún en tiempos de polarización extrema.
     

    En las futuras campañas políticas,
    será crucial para consultores y estrategas adoptar un enfoque similar, en el
    cual cada elemento, desde la acción más básica hasta la estrategia más
    compleja, de la campaña trabaje en conjunto hacia un propósito unificado y
    tangible. Este tipo de enfoque, como lo describe tanto Hal Brands en su
    análisis de la estrategia moderna (Brands, 2023) como Kotler et al. en su obra
    sobre marketing adaptativo digitalizado e inmersivo (2024), es esencial para un
    éxito electoral sostenible. Las campañas políticas ya no pueden confiar solo en
    retóricas rígidas; deben evolucionar con el entorno y ajustarse a la percepción
    social y económica del electorado mediante el uso inteligente de grandes
    cantidades de datos para responder activamente en toda la multiplicidad de
    canales que impactan a los electores.
     

    Proyección de la Metaestrategia en un Entorno Político
    Complejo


    Mientras los próximos ciclos electorales se acercan, la implementación de una
    metaestrategia que abarque tanto la estabilidad de valores tradicionales como
    la innovación en métodos de comunicación y adaptación sigue siendo la clave
    para resonar con el electorado. La capacidad de una campaña para entender y
    utilizar la “metaestrategia” de manera efectiva define la posibilidad
    de éxito en un entorno donde las divisiones ideológicas y sociales se
    profundizan. Es esta habilidad para integrar y adaptar los elementos de una
    campaña lo que permite a un líder construir un vínculo sólido y confiable con
    el electorado, un objetivo que se vuelve cada vez más fundamental a medida que
    las expectativas sociales de autenticidad y respuesta inmediata continúan
    creciendo.
     

    En conclusión, la
    “metaestrategia” representa más que un conjunto de tácticas
    políticas: es un marco integral que permite a los líderes políticos entender y
    adaptar su comunicación de manera que refleje las necesidades reales del
    electorado, creando una conexión duradera basada en confianza y claridad. 2024
    demuestra que aquellos que puedan dominar estos principios estarán mejor
    posicionados para enfrentar los retos y oportunidades de un entorno político
    complejo, dinámico y volátil.
     

    La metaestrategia que aquí se expone
    constituye no solo un modelo de campaña, sino una filosofía a la vez que
    herramienta práctica que reconoce la interdependencia entre la adaptabilidad
    táctica y la coherencia en la proyección de un liderazgo confiable.

     

    La Responsabilidad de los Consultores y Estrategas en un
    Entorno Dinámico
     

    Para los profesionales en
    consultoría política, la adopción de la metaestrategia implica una gran
    responsabilidad, dado que cada uno de sus elementos debe aplicarse en sintonía
    con los valores y realidades del electorado al que se dirige. La aplicación consciente
    y ética de los principios de tierra, agua, viento, fuego y éter en una campaña
    requiere una comprensión profunda de las necesidades sociales, tecnológicas,
    culturales y económicas, así como un compromiso por preservar la integridad de
    la comunicación política y su potenciada evolución durante el primer cuarto del
    siglo en curso (Rubach, 2023). Los consultores y estrategas que dominen este
    enfoque aportarán un valor táctico, una dirección estratégica superior que
    permitirá a los candidatos proyectarse como líderes sensatos, coherentes y
    eficaces en escenarios cada vez más complejos y demandantes.

    Perspectiva a Futuro: La Evolución del Liderazgo Político
    Bajo la Metaestrategia

    Mirando hacia el futuro, el impacto
    de la metaestrategia en el liderazgo político se expande más allá de una sola
    elección. Los líderes que comprenden la importancia de integrar estos elementos
    en sus campañas podrán adaptarse a las demandas y cambios de sus sociedades a
    medida que el entorno político siga evolucionando. El marco estratégico que se
    ha esbozado aquí puede adaptarse y refinarse según las necesidades emergentes,
    permitiendo a los líderes políticos construir relaciones sólidas y confiables con
    su electorado, fundamentadas en la autenticidad y la capacidad de respuesta
    efectiva.
     

    Las campañas del futuro no pueden
    limitarse a ser esfuerzos aislados ni una cadena de ocurrencias; deben ser
    vistas como plataformas dinámicas que evolucionan de acuerdo con el pulso
    social y político aterrizadas en un tablero estratégico. La metaestrategia es
    un ente que también está evolucionando frenéticamente, ya ofrece a los
    consultores una herramienta para guiar a sus candidatos a través de la
    incertidumbre política con una estructura sólida, basada en principios
    atemporales de conexión, adaptabilidad, comunicación efectiva, energía
    inspiradora y visión estratégica adaptados a los avances tecnológicos que
    avanzan a la velocidad de la luz. Como suelo explicarlo en mis ponencias: “Es
    tener a Sun Tzu y Maquiavelo interactuando contigo en el metaverso”. Algo que
    hago cotidianemente a través de dobles virtuales, pero eso será tema de otra
    publicación.

    Por último, este enfoque no solo
    fortalece la relevancia de un líder en la coyuntura actual, sino que también
    sienta las bases para un liderazgo que perdura y se adapta. Así que… ¡A darle!

    Referencias

    ●       Aristóteles.
    (2022). Política. Editorial Gredos.

    ●       Baños,
    P. (2022). La encrucijada mundial: Claves
    para comprender un mundo caótico y cambiante
    . Ariel.

    ●       Booth,
    H., y Pillay, T. (2024, 8 de noviembre). “What
    Donald Trump’s Win Means For AI. Time”
    . https://time.com/7174210/what-donald-trump-win-means-for-ai/

    ●       Brands,
    H. (2023). Los nuevos creadores de la
    estrategia moderna: del mundo antiguo a la era digital
    . Princeton
    University Press.

    ●       Chow,
    AR (2024, 30 de octubre). “AI’s
    Underwhelming Impact on the 2024 Elections”
    . Time. https://time.com/7131271/ai-2024-elections/

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    L. (2013). Estrategia: Una historia.
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    R. (2000). The 48 laws of power.
    Penguin Books.

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    P, et al (2024). Marketing 6.0 El Futuro
    es Inmersivo
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    Trump Presidency Could Mean for AI”
    . Investopedia. https://www.investopedia.com/what-a-trump-presidency-could-mean-for-ai-8745345

    ●       Nieves-Medrano,
    Maria Luisa. Origen y evolución de la
    matriz tows en la administración estratégica del siglo XXI
    . Revista de
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    (2001). Mark, M., & Pearson, C.
    (2001). The Hero and the Outlaw: Building extraordinary brands through the
    power of archetypes. 
    New York, McGraw-Hill.

    ●       Rubach
    Lueters, G. (2024). Metaestrategia y el
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    ●       Rubach
    Lueters, G. (2024). Consultoría política:
    Técnicas y estrategias modernas
    . La Crujía.

    ●       Rubach
    Lueters, G. (2024). La importancia de la
    metaestrategia en campañas electorales
    . La Crujía.

    ●       Times
    of India. (2024, 6 de noviembre). “Read
    congratulatory messages from Apple, Google, Amazon & Microsoft CEOs to
    Donald Trump”.
    https://timesofindia.indiatimes.com/technology/tech-news/read-congratulatory-messages-from-apple-google-amazon-and-microsoft-ceos-to-donald-trump/articleshow/115039642.cms

    ●       Jong
    Fast, M. (2024, 12 de noviembre) What I
    Got Wrong in 2024
    . Vanity Fair. (2024). https://www.vanityfair.com/news/story/what-i-got-wrong-in-2024

    Resumen y contexto

    Resumen (clic para ver)

     Por Gisela Rubach Lueters Las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2024 quedaron inscritas en un contexto de tensiones profundas y divisiones sociales que hace pocos años habrían sido impensables. Este año, la contienda electoral trajo consigo un clima cargado de insatisfacción generalizada, con la economía tambaleante y el descontento hacia las políticas demócratas que parecían impregnar cada rincón del país. Drogadicción, inflación, inseguridad laboral y un crecimiento económico desigual fueron algunos de los factores que lograron movilizar al electorado y generar una ola de apoyo hacia Donald Trump, cuya…

    Donald Trump elecciones Estados Unidos Gisela Rubach
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