Lecciones estratégicas para enfrentar al populismo en tu próxima elección | Edson Báez
Por Edson Báez
Hay un tipo de político que aparece en todos lados. En Washington, en Buenos Aires, en Ciudad de México y, si te fijas bien, también en tu municipio.
No importa el país, no importa el idioma, no importa si es de izquierda o de derecha. El patrón es siempre el mismo: divide al mundo en dos, se pone del lado del pueblo bueno, señala al enemigo corrupto y ofrece soluciones simples para problemas muy complejos.
Eso tiene nombre: populismo.
Y antes de que digas que eso solo pasa en las grandes ligas, déjame recordarte que el candidato a presidente municipal que prometió “acabar con la mafia del ayuntamiento” también jugó ese juego. El aspirante a gobernador que construyó toda su campaña sobre el enojo y no sobre propuestas, también. El populismo no distingue entre presidentes y síndicos. Solo distingue entre los que saben enfrentarlo y los que caen en su trampa.
¿Cómo identificarlo? Cuatro ingredientes básicos:
Divide y vencerás. Ciudadanos honestos contra élites corruptas. Siempre.
El líder salvador. Un solo hombre o mujer que habla “en nombre de todos.” Sin él o ella, todo se cae.
Ideología de temporada. No pertenece a ningún bando fijo. Hay populismos de izquierda, de derecha y de lo que haga falta.
Soluciones de microondas. Problemas complejos, respuestas simples.
Ahora que ya lo reconocemos, hablemos de cómo vencerlos.
Para que sepas a qué te puedes enfrentar, aquí van algunos de los populistas más reconocibles del mundo reciente. Un manual de referencia para identificar el perfil:
Donald Trump (Estados Unidos): el maestro del enemigo externo y el mensaje simple. “Make America Great Again” no es una propuesta, es un estado emocional. Convirtió cada elección en una guerra cultural.
Andrés Manuel López Obrador, AMLO (México): populismo de izquierda con narrativa de transformación histórica. Dividió el país en pueblo y fifís. Construyó lealtades territoriales profundas e inamovibles.
Jair Bolsonaro (Brasil): nacionalismo, valores tradicionales y confrontación permanente con medios e instituciones. Su campaña fue básicamente un meme que ganó una elección.
Viktor Orbán (Hungría): populismo europeo más sofisticado. Usa las instituciones para consolidar poder y presenta a la Unión Europea como el enemigo externo.
Javier Milei (Argentina): la motosierra como símbolo político. Convirtió el enojo económico en identidad.
Nayib Bukele (El Salvador): populismo millennial. Redes sociales, imagen impecable y discurso antipartidos. Ganó siendo el outsider más mediático de la región.
La mayoría comparte algo: no venden propuestas, venden emociones. Y eso, querido lector, es exactamente lo que hace tan difícil enfrentarlos con política tradicional.
Hay buenas noticias: el populismo no es invencible. Hay casos concretos donde candidatos lo enfrentaron con inteligencia y ganaron.
Biden vs. Trump (Estados Unidos, 2020)
Biden no intentó ser más emocionante que Trump. No compitió en el terreno del espectáculo. Su apuesta fue la normalidad como propuesta “devolvamos la calma al país” y funcionó. No polarizó más. Apeló al cansancio de una parte importante del electorado que simplemente quería respirar. Lección: a veces la propuesta ganadora no es la más apasionante, sino la más necesaria emocionalmente.
Lula vs. Bolsonaro (Brasil, 2022)
Lula ganó con 50.9% en segunda vuelta. No fue fácil, Bolsonaro tuvo más resistencia de la esperada. La estrategia de Lula fue ampliar su coalición hacia el centro, suavizar su imagen histórica de izquierda radical y presentarse como candidato de la unidad. Tanto Biden como Lula se presentaron como candidatos de la normalización contra dos populistas que parecían cómodos en su papel de disruptores. La normalización como narrativa ganadora es un patrón que se repite.
Gabriel Boric vs. José Antonio Kast (Chile, 2021)
Boric enfrentó a un candidato de derecha dura con un mensaje generacional. No respondió al miedo con más miedo. Apostó a la esperanza como contrapeso emocional. Ganó en segunda vuelta construyendo coalición y ampliando su base más allá de su núcleo ideológico.
Magyar vs. Orbán (Hungría, 2026)
Si hay una historia que demuestra que el populismo no es invencible, es esta. Viktor Orbán llevaba 16 años en el poder, había rediseñado el sistema electoral a su favor, controlaba los medios de comunicación y había sobrevivido a todos los intentos opositores anteriores.
Péter Magyar, el abogado que lo venció, entendió algo que sus predecesores no: que Orbán no podía encontrar una línea de ataque confiable contra él porque Magyar se anticipaba a los golpes antes de que llegaran. No esperó a ser atacado expuso públicamente las tácticas sucias antes de que las usaran. Le quitó al rival su arma más poderosa: la sorpresa.
LAS LECCIONES ESTRATÉGICAS
Aquí está el corazón del texto. Lo que los ejemplos anteriores nos enseñan para cualquier contienda, desde la presidencia hasta la presidencia municipal de tu colonia.
Lección 1: No entres al ring del populista
Si un populista polariza, la respuesta instintiva es polarizar de vuelta. Error fatal. Cuando tú también polarizas, le das la razón de que “todos son iguales” y confirmas que el conflicto es el juego. El populista vive de la confrontación — si tú peleas en su ring, con sus reglas, él siempre gana.
Boric no trató de ser más extremo que Kast. Biden no intentó superar a Trump en escándalo. La respuesta al ruido no es más ruido.
Lección 2: Reencuadra antes de que él encuadre
El populista define los términos del debate. Si te deja responder dentro de su encuadre, ya perdiste. Tu trabajo es llegar primero con el lente con el que la gente va a ver la elección.
Si él dice “pueblo vs. élite”, tú dices “experiencia vs. improvisación.” Si él dice “los de afuera vs. los de aquí”, tú dices “lo que funciona vs. lo que suena bien.” No respondas su pregunta, cámbiala.
Esto aplica igual en una presidencia municipal: si el rival construye su campaña sobre “los caciques de siempre”, tú no defiendes a los caciques ni atacas al rival. Presentas una narrativa que haga irrelevante su narrativa de conflicto.
Lección 3: La emoción no es propiedad del populismo
Uno de los errores más comunes al enfrentar a un populista es volverse frío, técnico y lleno de datos para “contrastar” con la irracionalidad del otro. Mal movimiento. La gente no vota con el cerebro, vota con el estómago.
Obama lo entendió perfectamente. Puedes tener emoción sin necesitar un enemigo. La esperanza, la identidad colectiva, el orgullo de comunidad son emociones tan poderosas como el enojo. La diferencia es que construyen en lugar de destruir.
Lección 4: Amplía la coalición, no solo moviliza a los convencidos
Los populistas energizan a su base con una eficiencia brutal. El error de sus rivales es responder solo energizando a la propia base, y así la elección se convierte en guerra de trincheras donde gana quien tiene más soldados.
La jugada ganadora es ampliar. Lula sumó al centro. Boric sumó a moderados. Biden sumó a republicanos hartos de Trump. En una presidencia municipal: no solo activa a los que ya te iban a votar, ve por los indecisos, por los que no te querían votar, pero a él o ella los odian.
Lección 5: Contrasta sin atacar
Atacar directamente al populista lo engrandece. Le das pantalla, le das el conflicto que busca, haces que sus seguidores se sientan más amenazados y más leales.
El judo político es usar la fuerza del rival en tu contra. Si él exagera, tú señalas la exageración con humor. Si él promete cosas imposibles, tú preguntas inocentemente cómo exactamente va a hacerlo. No lo atacas, lo cuestionas. Y lo dejas caer solo.
Lección 6: El territorio es la respuesta al discurso
El populista habla mucho y está en pocos lugares. Su fuerza es la narrativa, no la presencia real. La respuesta estratégica es estar donde él no está.
La presencia territorial genuina construye algo que el discurso populista no puede replicar: confianza cara a cara. Y en una elección local, eso puede valer más que cualquier espectacular.
El populismo no es el enemigo de la democracia por existir. Es un síntoma de algo que falló antes, instituciones que no respondieron, promesas que no se cumplieron, gente que sintió que nadie la escuchaba.
La mejor estrategia para ganarle a un populista no es solo técnica electoral es demostrar que tú sí escuchas, sí resuelves y sí estás presente. Que no necesitas un enemigo para tener una identidad. Que tu propuesta tiene nombre, apellido y dirección.
Porque al final, la gente no vota contra alguien. Vota por algo.
Y eso algo es exactamente lo que tú tienes que ser.
Edson Báez es estratega de comunicación política. Especialista en posicionamiento con experiencia en más de 30 procesos electorales en México y América Latina.

