2025 confirma el avance del cambio climático con un repunte de calor extremo, incendios e inundaciones

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El año 2025 quedará registrado como uno de los más extremos desde que existen mediciones climáticas. De acuerdo con datos del sistema europeo Copernicus, el planeta atraviesa su segundo año más cálido, solo por debajo de 2024 y a la par de 2023, una tendencia que ha intensificado fenómenos meteorológicos con consecuencias directas sobre millones de personas.

El aumento sostenido de la temperatura media global elevó la intensidad y duración de las olas de calor, agravó las sequías y creó condiciones propicias para incendios forestales de gran magnitud. Así lo explica Theodore Keeping, investigador del Imperial College de Londres, quien advierte que el calentamiento global no solo incrementa la severidad de estos eventos, sino también su probabilidad.

Durante 2025, el grupo científico World Weather Attribution (WWA) analizó 22 fenómenos extremos ocurridos en distintos continentes. En 17 de ellos se determinó que el cambio climático fue un factor clave para que fueran más intensos o más probables. Los casos restantes no arrojaron conclusiones definitivas debido a limitaciones en los registros meteorológicos y los modelos disponibles. Entre los episodios con clara huella climática destacan los incendios registrados en agosto en el noroeste de la península Ibérica, coincidentes con una ola de calor récord.

Los expertos subrayan que, si bien el calentamiento global es un detonante central, la magnitud de los desastres también depende de factores humanos como la planificación urbana, la gestión del territorio y el nivel de preparación institucional. Por ello, el WWA insiste en la necesidad de invertir de forma sostenida en políticas de adaptación. Aun así, advierten que estas medidas tienen límites.

El huracán Melissa, que impactó Jamaica en octubre, es citado como ejemplo de esos límites. Pese a la activación temprana de alertas, la intensidad del fenómeno provocó daños severos. Para los investigadores, este tipo de eventos refuerza la urgencia de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y acelerar la transición fuera de los combustibles fósiles.

Friederike Otto, profesora de Ciencias del Clima y cofundadora del WWA, sostiene que los resultados de 2025 no sorprenden, pero sí confirman una tendencia alarmante. Destaca además el pronunciamiento del Tribunal Internacional de Justicia de la ONU, que en julio estableció la obligación de los Estados de actuar para limitar el calentamiento global.

El año también estuvo marcado por el avance de movimientos políticos que cuestionan la agenda climática. Según Otto, el cambio climático se ha convertido en un eje de confrontación ideológica, pese a que sus efectos impactan de forma directa en la salud, la economía y las condiciones de vida, independientemente de la posición política.

La desinformación jugó un papel crítico en algunos desastres registrados, particularmente en Estados Unidos, donde sectores de la población desestimaron alertas oficiales. En ciertos casos, esa falta de confianza en la ciencia tuvo consecuencias fatales.

Entre todos los eventos extremos, las olas de calor fueron las más mortíferas en 2025. Un estudio citado por el WWA estima que solo una ola de calor en Europa provocó alrededor de 24.400 muertes, muchas de ellas no reflejadas en estadísticas oficiales. Episodios similares se registraron en países de África, América y Europa, todos intensificados por el calentamiento global de origen humano.

Los ciclones y tormentas tropicales también dejaron un saldo elevado, especialmente en Asia y el sudeste asiático, donde varios sistemas simultáneos causaron más de 1.700 muertes y pérdidas económicas millonarias.

Finalmente, los investigadores subrayan que los impactos climáticos no se distribuyen de forma equitativa. Las comunidades más pobres y vulnerables, con menor responsabilidad en la crisis climática, concentran los mayores daños. Mujeres y niños enfrentan riesgos adicionales, tanto por la exposición al calor extremo como por interrupciones educativas que profundizan desigualdades estructurales.

El balance de 2025 refuerza un mensaje claro desde la ciencia: sin una reducción acelerada de emisiones y una acción climática coordinada, los eventos extremos seguirán escalando en frecuencia, intensidad y costo humano.

Fuente: El País

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