¡Son políticos de colores! Lo que Dots y Muse pueden enseñarle a las campañas sobre conectar con las personas.

Por Jerry Jáuregui

Qué loco: estamos poniéndole cara, nombre y personalidad a la inteligencia artificial, mientras a muchos políticos les seguimos quitando cualquier rastro de humanidad.

A la máquina le damos colores. Al candidato, un discurso que parece escrito para nadie.

OpenAI presentó Dots, agentes de inteligencia artificial que puedes personalizar y nombrar. Entre sus opciones hay personajes y mascotas. Sí, la tecnología que hace poco imaginábamos como un robot frío ahora puede tener una apariencia que hasta te da ternura.

Meta hizo lo suyo con Muse, un agente personal cuya experiencia está diseñada para que hablar con él se parezca a mandarle un mensaje a otra persona.

Mi lectura desde el marketing es esta: están haciendo que algo complejo se sienta cercano. Que puedas identificarlo, reconocerlo y hacerle un espacio en tu vida.

Esos personajes parecen pequeños humanos de colores. No porque tengan sentimientos, sino porque les ponemos rasgos que sabemos leer: una cara, una expresión, un nombre. Algo que nos permita decir “ese es el mío”.

Y aquí la política debería levantar la mirada.

Porque mientras la tecnología encuentra formas de acercarse, hay campañas empeñadas en fabricar candidatos que hablan como comunicado de prensa.

“Refrendamos nuestro compromiso con el fortalecimiento del bienestar…”

Hermano, ¿así le hablas a alguien cuando te pregunta qué vas a hacer por su colonia?

Después viene la preocupación: que el video no conectó, que nadie comentó, que hace falta meterle más pauta. Pero quizá habría que revisar qué persona estamos dejando ver detrás de tanta producción.

En marketing político hablamos muchísimo de humanizar. A veces lo resolvemos poniendo al candidato a comer tacos, subiéndolo a un trend o grabándole un abrazo con música emotiva.

Puede funcionar como contenido. Pero la cercanía se juega también en lo que pasa después: ¿escuchó a esa persona?, ¿entendió lo que le pidió?, ¿regresó con una respuesta?

Humanizar exige dejar aparecer una voz propia. Que el candidato explique algo sin esconderse detrás de veinte palabras elegantes. Que pueda reconocer un error. Que tenga humor cuando le nazca y seriedad cuando el momento lo exija. Que sus historias tengan detalles que solo él podría contar.

También exige criterio del equipo. Si cada frase pasa por tantas manos que termina sonando igual que todas las demás, estamos borrando a la persona que queremos presentar.

Dots y Muse me hacen pensar en esa contradicción: estamos buscando señales humanas en una interfaz y borrándolas de quienes quieren representarnos.

Las campañas deben aprender de esa búsqueda de cercanía. Darle espacio a la personalidad, conversar en un lenguaje que se entienda y sostener esa conversación con hechos.

Porque un personaje de colores puede hacer más amable una pantalla. Un político tiene una responsabilidad mucho mayor: responderle a alguien de verdad.

Y estaría bastante raro que tu inteligencia artificial tuviera más personalidad que tu candidato.

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