Eva Umlauf fue liberada de Auschwitz con apenas dos años, pero el recuerdo de aquella pesadilla la acompaña a sus 83 años. Hoy, esta sobreviviente del Holocausto se muestra profundamente preocupada por el resurgimiento de la ultraderecha en Alemania, un fenómeno que considera una amenaza real para la sociedad y la convivencia.
Umlauf advierte sobre el creciente apoyo al partido Alternativa para Alemania (AfD), que recientemente obtuvo casi el 44% de los votos en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt, en el este del país. Este partido defiende políticas restrictivas contra la inmigración, especialmente de personas provenientes de culturas consideradas diferentes, y aboga por la salida de la eurozona y una política exterior más cercana a Rusia. Aunque la AfD rechaza las acusaciones de antisemitismo y las comparaciones con el nazismo, sus críticos recuerdan declaraciones polémicas de sus líderes y su tendencia a minimizar el pasado nazi alemán.
La experiencia de Umlauf la lleva a desconfiar de este avance político. “Tenemos miedo. Sabemos lo que les ocurre a las minorías, lo que les pasa a los extranjeros. Ser extranjero en Alemania no es nada fácil”, declara. Para ella, la historia podría repetirse y el peligro es tangible. Se muestra especialmente sorprendida por el voto de jóvenes que no han vivido guerras ni conocen de primera mano las consecuencias del extremismo: “No sé qué los lleva a pensar así. No reflexionan sobre las consecuencias ni miran hacia el futuro”.
Comprometida con la memoria histórica, Umlauf visita escuelas y participa en eventos para contar su testimonio y el de su familia. Preside además el Comité Internacional de Auschwitz, desde donde lucha para que nunca se olvide el horror del Holocausto, que costó la vida a millones de judíos. Esta labor cobra mayor urgencia en un contexto donde la AfD propone reducir el énfasis en la enseñanza sobre la era nazi y restaurar monumentos dedicados a soldados alemanes de ambas guerras mundiales, medidas que Umlauf considera peligrosas.
Su mayor temor no es solo que la historia se repita, sino que sea tergiversada o minimizada. Por eso insiste en la importancia de la educación y la reflexión para evitar que ideologías extremistas vuelvan a tomar fuerza en Alemania, un país que aún carga con las heridas de su pasado y cuya sociedad se debate hoy entre la memoria y el riesgo de nuevos desafíos.
El auge de la ultraderecha en Alemania se da en un contexto global donde se observa un incremento de movimientos similares en distintas regiones, lo que preocupa a organismos internacionales que promueven la defensa de los derechos humanos y la convivencia democrática, como la UNESCO y la ONU. La historia del Holocausto sigue siendo una advertencia sobre los peligros del odio, el racismo y el autoritarismo.
Para entender el impacto de este fenómeno en la política alemana, es clave considerar que la memoria histórica ha sido un pilar fundamental en la construcción del Estado de derecho y la identidad democrática del país tras la Segunda Guerra Mundial. La posibilidad de que esta memoria se debilite o se utilice con fines políticos supone un desafío no solo para Alemania, sino para la comunidad internacional. La vigilancia frente a estos movimientos y la promoción de la educación histórica son herramientas esenciales para evitar la repetición de tragedias que marcaron el siglo XX.


