Intromisión descarada. ¿Panamá en la mira?
Por: @OrlandoGoncal
En la
década de los noventa, Joseph Nye, geopolitólogo estadounidense de la
Universidad de Harvard, en su libro “La naturaleza cambiante del poder
estadounidense”, creó el concepto del poder blando o poder suave (del inglés
soft power). Básicamente, es la habilidad de un Estado para persuadir a otros
países evitando el uso de la fuerza o la coerción, valiéndose de medios
sutiles, como su cultura, su modelo social o sus valores políticos.
Durante
décadas, los gobiernos, tanto demócratas como republicanos de Estados Unidos de
Norteamérica, han utilizado este -poder suave- para construir su agenda y lograr
objetivos en otras naciones, aunque mucho antes de que Josep Nye desarrollara
este concepto, ya en una frase que la historia atribuye a Henry Kissinger, se sentenciaba
que: “Estados Unidos no tiene amigos ni enemigos permanentes, solo intereses”.
Contrastando
con la recientemente injerencia del presidente Trump en las elecciones de
Honduras, abandona la “teoría del poder blando”, plegándose a la filosofía de
Kissinger, pues pareciera que la intromisión en el proceso electoral de otro
país debe responder a intereses. Ahora, la pregunta es: ¿Son intereses de los
EE. UU. o son intereses particulares y personales del presidente Trump?
Recuérdese que publicó en su red social
Truth que: “Espero que el pueblo de Honduras vote por la libertad y la
democracia y elija a Tito Asfura como presidente!” y adicionó que apoyaba al
candidato conservador Tito Asfura, del Partido Nacional, con el que asegura que
puede trabajar para combatir el narcotráfico.
Paralelamente, anunciaba que indultaría
(lo cual realizó al día siguiente de la elección hondureña) al expresidente de
ese país, Juan Orlando Hernández, quien fue declarado culpable y condenado el
año pasado a 45 años de prisión y una multa de US$ 8 millones, por un juez
estadounidense por delitos de narcotráfico.
Aquí se presenta una incongruencia, puesto
que el mandatario estadounidense ha ordenado ataques a pequeñas embarcaciones
en el Caribe y el Pacífico con el saldo de 83 personas asesinadas, con la
excusa de combatir el narcotráfico, pero indulta a una persona investigada,
juzgada y sentenciada por la justicia de su país por delitos de narcotráfico.
Volviendo a las intromisiones descaradas,
un caso similar se vio en las recientes elecciones de Argentina, cuando también
en su red social y en otros medios, el presidente Trump declaró que
condicionaba un “auxilio por US$ 20.000 millones” para ayudar a la economía
argentina, siempre y cuando la elección la ganara el presidente Milei.
De nueva
vuelta. Claro que hay intereses, pero la pregunta es: ¿de quienes?
En el caso
de la elección de Honduras, el pasado día 4 de los corrientes, el medio de
comunicación catalán La Vanguardia publica un artículo de investigación del
periodista Andy Robinson, titulado: “Próspera, la isla de la libertad
trumpista”, señalando que el indulto de expresidente hondureño se logró porque
tiene amigos poderosos en el movimiento MAGA, como Roger Stone, exasesor de
Trump, Matt Gaetz, presentador del canal trumpista One America News, así como
personajes influyentes de la derecha libertaria en Silicon Valley.
Afirma Andy
Robinson que: “Ese apoyo tiene bastante que ver con un polémico proyecto
impulsado por Juan Orlando Hernández durante su presidencia: las llamadas Zonas
de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDEs), uno de los experimentos más radicales
de cesión de soberanía nacional en favor del gran capital estadounidense desde
los días de los enclaves de la multinacional frutera estadounidense United
Fruit durante la primera mitad del siglo XX”.
El proyecto en cuestión preveía “la cesión
y el control de parte del territorio hondureño para la creación de ciudades de
nueva construcción libres de impuestos, ajenas a la regulación y a los derechos
laborales vigentes en Honduras”.
Sugiere el articulista que quizás el
mandatario estadounidense esté pasando del -poder blando o suave al poder duro,
rudo- con el propósito de crear unas nuevas economías de enclave en el Caribe
desde -Panamá a Caracas- y por ello el combativo apoyo a Tito Asfura y el
sorpresivo indulto a Juan Orlando Hernández.
Para lograr la consolidación del proyecto
Próspera en la isla hondureña de Roatán, había que buscar garantizar derrotar
al partido gobernante que había derogado la ley que permitía la creación de las
ZEDE y, garantizar la victoria del candidato del partido que había aprobado esa
ley, para poder reactivar y concretar los objetivos.
Preocupante que imperen -intereses y se
traspasen las líneas éticas y democráticas- sin que se enciendan las alarmas en
la comunidad internacional, peor aún, ¡que no actúen! pese a lo descarado de la
intromisión.
