Francia arranca el año atrapada en un bloqueo presupuestario y político
Francia
Francia arranca el año en uno de los escenarios políticos más inestables de las últimas décadas. El primer ministro, Sébastien Lecornu, enfrenta un arranque de calendario marcado por la falta de presupuestos para 2026, la fragmentación parlamentaria y la presión creciente de unas elecciones municipales que se celebrarán en menos de tres meses.
Ante la imposibilidad de alcanzar un acuerdo en la Asamblea Nacional, el Gobierno se vio obligado a prorrogar de forma urgente los presupuestos de 2025 para evitar un colapso financiero del Estado. La medida, aprobada antes de Navidad, garantiza el pago de pensiones y salarios públicos, pero no ofrece margen de maniobra para nuevas políticas ni inversiones.
Lecornu, que lleva poco más de 100 días al frente del Ejecutivo, llegó al cargo con la promesa de inaugurar un “nuevo método de gobierno”, basado en el diálogo y la búsqueda de consensos en una Cámara profundamente dividida. Hasta ahora, ha logrado esquivar una moción de censura, pero no cumplir su principal encargo: sacar adelante la ley de finanzas.
El fracaso de las negociaciones en los últimos meses dejó en evidencia la falta de puentes entre los partidos. El texto presupuestario fue rechazado en la fase final, y aunque el primer ministro confía en reactivar el proceso durante enero sin recurrir a decretos, el margen político es cada vez más estrecho.
La actividad parlamentaria se reanudará formalmente el 5 de enero, aunque el Ejecutivo ya ha iniciado contactos informales con algunas fuerzas políticas. Entre ellas, el Partido Socialista, que aceptó no censurar al Gobierno a cambio de concesiones como la suspensión de la reforma de pensiones de 2023. Siguen excluidos de las conversaciones los extremos del arco parlamentario: la extrema derecha de Marine Le Pen y La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon.
El costo del bloqueo
La prolongación de la prórroga presupuestaria tendría un impacto económico significativo. El Gobierno pretende aprobar las cuentas completas antes de que termine enero, tomando como base el texto aprobado por el Senado el 15 de diciembre, dominado por la derecha y los centristas. Sin embargo, ese borrador naufragó en la comisión mixta por desacuerdos entre socialistas y Los Republicanos.
El contexto electoral no ayuda. Las elecciones municipales del 15 y 22 de marzo endurecen las posiciones de los partidos, reacios a ceder en asuntos que podrían contradecir sus discursos de campaña. Figuras como Rachida Dati, ministra de Cultura y candidata a la alcaldía de París, ya están plenamente volcadas en la contienda.
Desde la derecha tradicional, Los Republicanos han dejado claro que no flexibilizarán su postura tras haber cedido en la suspensión de la reforma de las pensiones. En la izquierda, los ecologistas también han anticipado su rechazo al texto salido del Senado, que eliminó propuestas clave como el aumento de impuestos a grandes empresas y patrimonios.
A ello se suma el costo directo de las municipales, estimado en unos 193 millones de euros, gasto que no está contemplado en la ley de prórroga y que el Ejecutivo espera cubrir con los presupuestos de 2026, si logra aprobarlos a tiempo.
Lecornu ha reiterado que no recurrirá, por ahora, al artículo 49.3 de la Constitución, que permite aprobar leyes sin votación parlamentaria. Aunque sectores del centro y la derecha le piden activar este mecanismo, el primer ministro es consciente de que hacerlo podría romper el frágil apoyo socialista y abrir la puerta a una censura.
“La voluntad de innovar en el método de gobierno choca con la realidad política actual”, resumió el exministro de Economía Éric Lombard en declaraciones a Le Monde, al señalar que un acuerdo presupuestario parece hoy poco probable.
El antecedente no es alentador. El año pasado también fue necesario prorrogar las cuentas tras la caída del Gobierno de Michel Barnier, que intentó aprobar el presupuesto por decreto. Entonces, la deuda francesa representaba el 112% del PIB; hoy alcanza el 117%, agravando la presión fiscal y financiera.
Pese al bloqueo, Lecornu no ha sufrido un castigo inmediato en la opinión pública. Según un sondeo de Harris Interactive para LCI, el 34% de los franceses confía en el primer ministro, apenas un punto menos que al inicio de su mandato. Un respaldo moderado, pero suficiente para ganar tiempo en un enero que se perfila decisivo para la estabilidad del Gobierno.
Fuente: El País

