Costa Rica llega a elecciones entre desinterés ciudadano y temor a autoritarismo

Costa Rica

Costa Rica llega al cierre de la campaña electoral más extensa de su historia reciente con un ambiente marcado por el cansancio ciudadano, el desencanto político y la sombra de amenazas autoritarias. La contienda definirá el 1 de febrero al próximo presidente y a los 57 diputados del período 2026-2030, en medio de un escenario dominado por el oficialismo y una oposición fragmentada.

Aunque el presidente Rodrigo Chaves no puede postularse a la reelección inmediata, su figura se ha convertido en el eje de la elección. La candidata oficialista, Laura Fernández, exministra leal a Chaves, ya anunció su intención de integrarlo a un alto cargo a partir de mayo, consolidando la continuidad de lo que algunos analistas llaman el “chavismo costarricense”, un movimiento que desafía la tradición política del país y cuestiona los equilibrios institucionales.

Una encuesta de la Universidad de Costa Rica publicada el miércoles muestra a Fernández con el 40% de intención de voto, suficiente para ganar en primera vuelta, mientras que su partido, el Partido Pueblo Soberano (PPSO), podría alcanzar mayoría en el Congreso. Esto generó preocupación entre sectores críticos, que temen que una victoria oficialista permita avanzar en reformas institucionales con tintes autoritarios en un país históricamente estable.

El entusiasmo popular es limitado. Las calles muestran escasas señales de campaña, con banderas turquesa del PPSO predominando sobre cualquier otro símbolo. Muchos votantes optan por la discreción: unos porque aún no deciden su voto, otros por desinterés y varios por temor a represalias en un contexto de polarización y hostilidad en redes sociales.

El temor es tangible entre la oposición. Juan Carlos Hidalgo, del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), evita revelar nombres de sus potenciales ministros por miedo a represalias. Dirigentes de Nueva Generación reportan que sus simpatizantes sienten “terror” de mostrar símbolos partidarios. José Aguilar Berrocal, conservador vinculado a la familia del presidente salvadoreño Nayib Bukele, denunció presiones contra su equipo y ataques a su entorno familiar, describiendo el clima electoral como “muy peligroso”.

El sistema político costarricense, antes dominado por el bipartidismo, se encuentra transformado. Chaves critica el antiguo modelo como una “dictadura perfecta” y se ha enfrentado a instituciones clave, desde el Tribunal Supremo de Elecciones hasta la prensa, a la que califica de “canalla”. Algunos reporteros aseguran sentir riesgo de violencia durante la cobertura de actos del oficialismo.

La seguridad ciudadana también domina la agenda. Costa Rica atraviesa su peor ola de violencia reciente, y Chaves ha adoptado medidas de mano dura al estilo de Nayib Bukele, incluyendo la construcción de una megacárcel inspirada en el CECOT salvadoreño. La percepción de que la tranquilidad histórica del país está en riesgo ha sido un factor central en la campaña.

Sectores críticos alertan sobre el riesgo de una deriva populista. Luis Antonio Sobrado, expresidente del TSE, advirtió que esta elección podría definir si Costa Rica mantiene su democracia liberal o avanza hacia un control centralizado con capacidad para modificar la Constitución con criterios autoritarios. Denuncias recientes de espionaje y conspiraciones de asesinato, aunque sin pruebas sólidas, han elevado la tensión política.

A la par, Estados Unidos vigila el proceso electoral, luego de declarar a Costa Rica un punto clave de tránsito de cocaína hacia ese país. El oficialismo espera contar con la aprobación de Washington, en un escenario que recuerda otras intervenciones regionales en comicios.

Entre los electores, la preferencia se divide: algunos consideran a Álvaro Ramos, otros a la Coalición Agenda Ciudadana liderada por la ex primera dama Claudia Dobles, y un sector al Frente Amplio con Ariel Robles, crítico histórico de Chaves. Ninguno supera el 8% de intención de voto, y dependen de un balotaje si Fernández no logra el 40% necesario para ganar en primera vuelta.

El próximo domingo, Costa Rica decidirá entre continuidad oficialista y una oposición fragmentada, en un contexto de incertidumbre que desafía la percepción histórica del país como un referente de estabilidad democrática en Centroamérica.

Fuente: El País

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