El desierto de Atacama revive con un manto de flores tras lluvias inusuales de El Niño

Las intensas precipitaciones que afectaron el norte de Chile tras el fenómeno climático El Niño han desencadenado un espectacular florecimiento en el desierto de Atacama, uno de los más áridos del mundo.

Luego de años de sequía extrema, la llegada de lluvias superiores a los 180 milímetros en algunas zonas del desierto, un volumen nunca antes registrado, ha activado la germinación de millones de semillas y bulbos que permanecían latentes bajo la arena. Este fenómeno, conocido como el desierto florido, despliega una diversidad de cerca de 200 especies vegetales, como los suspiros blancos y las patas de guanaco, que tiñen de colores vibrantes extensas áreas del paisaje.

El episodio ha atraído a numerosos turistas que se detienen a lo largo de las carreteras para fotografiar el insólito espectáculo natural, que en ocasiones se acompaña de arcoíris y los intensos tonos rojizos del atardecer. Según César Pizarro, jefe de conservación de biodiversidad de la Corporación Nacional Forestal (Conaf) en Atacama, el evento alcanzará su punto máximo en octubre, cubriendo alrededor de 15.000 hectáreas, consolidándose como uno de los más extensos y significativos registrados en la región.

El Niño, una oscilación climática que ocurre cada dos a siete años, eleva las temperaturas superficiales del Pacífico ecuatorial y altera patrones globales de viento y precipitación. En esta ocasión, una fuerte evaporación frente a las costas peruanas desencadenó lluvias torrenciales en el norte chileno durante julio, que dejaron un saldo trágico de 13 muertos y miles de viviendas dañadas.

Más allá del espectáculo visual, el florecimiento impulsa un ecosistema complejo. Las flores atraen insectos polinizadores como las abejas, mientras que escarabajos se alimentan de los restos vegetales y aportan nutrientes al suelo, preparando la tierra para futuras lluvias y plantas. También favorece a aves, reptiles y pequeños mamíferos que habitan este frágil entorno.

Pizarro enfatiza la importancia de proteger este patrimonio natural y hace un llamado a los visitantes para que respeten las rutas establecidas y eviten introducir mascotas que puedan amenazar la fauna local con enfermedades.

Este fenómeno no solo representa un renacer para Atacama, sino también un recordatorio de la complejidad y vulnerabilidad de los ecosistemas desérticos ante los cambios climáticos globales. Para Chile, el desierto florido es un símbolo de su riqueza natural y un atractivo que conecta a locales y extranjeros con la biodiversidad única de la región.

El desierto de Atacama, ubicado a unos 800 kilómetros al norte de Santiago, es un área protegida gestionada por la Conaf, que promueve tanto la conservación como el turismo sostenible. Su florecimiento ofrece además una oportunidad para estudiar los efectos del cambio climático y la variabilidad natural en ambientes extremos.

Más información sobre el fenómeno de El Niño y sus impactos globales puede consultarse en la página de la ONU y la Organización Meteorológica Mundial. Para conocer detalles sobre la biodiversidad chilena y proyectos de conservación, la Conaf provee recursos actualizados.

Image Source: https://www.elnuevosiglo.com.co/bienestar/el-desierto-de-atacama-florece-tras-lluvias-provocadas-por-el-nino

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