Estados Unidos
Las políticas comerciales de Donald Trump han vuelto a encender las tensiones dentro del Partido Republicano, generando una creciente división interna y una peligrosa apuesta de cara a los próximos comicios. Cuatro senadores republicanos —Rand Paul, Susan Collins, Mitch McConnell y Lisa Murkowski— rompieron filas con su partido y se unieron a los demócratas para aprobar una resolución que busca revertir los aranceles impuestos a Canadá.
La votación, que culminó con un ajustado resultado de 51 a 48, representa un inusual desafío a la línea trazada por la Casa Blanca. Sin embargo, su efecto será puramente simbólico: el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, ya anunció que no permitirá que la medida sea debatida en su recinto.
La resolución pretendía anular la emergencia nacional decretada por Trump como justificación para imponer aranceles del 25% a productos canadienses, a través de una orden ejecutiva. Aunque el expresidente postergó su aplicación en dos ocasiones y finalmente eximió las importaciones amparadas por el T-MEC, la amenaza de una escalada arancelaria aún se mantiene, especialmente para sectores como el automotriz, que desde esta madrugada enfrenta nuevos gravámenes.
Para muchos dentro del Capitolio, el movimiento representa más que una simple diferencia de opinión: es un intento por recuperar el control legislativo sobre la política comercial, algo que, según varios senadores, se ha ido diluyendo en favor del Ejecutivo.
Desde el Senado, Rand Paul lideró la crítica: “Estos aranceles solo encarecerán los productos y perjudicarán nuestra economía. El comercio con Canadá nos hace más prósperos, no menos”. Paul recordó el impacto electoral negativo de medidas similares en el pasado: “Cuando McKinley impuso tarifas en los años 1890, perdimos la mitad de nuestros escaños. Cuando Smoot y Hawley lo hicieron en los 30, perdimos el Congreso durante décadas”.
Trump no tardó en responder desde su red Truth Social, donde acusó a los senadores rebeldes de “desleales” y los instó a “subirse al carro republicano”. Justificó sus aranceles como una forma de presionar a Canadá por la supuesta permisividad en la venta de fentanilo hacia Estados Unidos.
Pero la crítica republicana no se detiene ahí. Chuck Grassley, veterano senador y otrora aliado de Trump, presentó junto a la demócrata Maria Cantwell un proyecto de ley bipartidista que busca devolver al Congreso su rol constitucional en la aprobación de tarifas. La propuesta exige que cualquier arancel decretado por el presidente sea notificado en un plazo de 48 horas y aprobado por el Legislativo en un máximo de 60 días o quedaría sin efecto.
“Durante demasiado tiempo hemos entregado nuestra autoridad al poder ejecutivo”, declaró Grassley. Cantwell agregó que “el Congreso tiene el deber de frenar políticas dañinas para los ciudadanos”.
Las preocupaciones no son únicamente institucionales. Los analistas advierten que las consecuencias económicas de los aranceles podrían ser profundas: mayor inflación, caída en los mercados y riesgo de recesión. Un escenario adverso que podría impactar directamente en las elecciones legislativas de medio término de 2026, donde los republicanos se juegan la mayoría en ambas cámaras.
Según una encuesta reciente del Centro Marquette, el 58% de los estadounidenses considera que las medidas comerciales de Trump perjudicarán la economía, frente a un 28% que cree lo contrario. A esto se suma la oposición de importantes grupos empresariales, como la Mesa Redonda de Negocios, que en un comunicado firmado por CEOs de grandes compañías advirtieron que los aranceles “representan una amenaza seria para fabricantes, trabajadores y consumidores en Estados Unidos”.
Mientras Trump apuesta por el proteccionismo como bandera de campaña, el debate sobre el futuro del comercio exterior se vuelve cada vez más central en el escenario político estadounidense. Y aunque los efectos de su estrategia aún están por verse, la fractura interna en su propio partido ya es evidente.
Fuente: La Vanguardia