Alemania
En una jornada electoral con una participación masiva del 84 % del electorado, la alianza demócrata cristiana celebró una victoria sin demasiada euforia en la Casa Konrad Adenauer de Berlín. Con un resultado que oscila entre el 28 y 29 % de los votos, Friedrich Merz, líder del partido Demócrata Cristiano (CDU) y su aliada Unión Social Cristiana de Baviera (CSU), se perfila como el virtual próximo canciller de Alemania, siempre que logre articular una coalición de gobierno.
Sin embargo, el gran sacudón de la noche electoral lo dio Alternativa para Alemania (AfD), el partido ultraderechista liderado por Alice Weidel, que duplicó su caudal de votos y alcanzó un resultado sin precedentes desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Con el abierto respaldo del vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, y del empresario Elon Musk, la AfD se consolidó como la segunda fuerza política del país con 141 escaños, generando alarma en diversos sectores políticos y sociales.
El Partido Socialdemócrata (SPD) sufrió una derrota histórica al caer por debajo del 20 % por primera vez, con un resultado estimado entre el 16.3 y 16.5 %. Mientras tanto, Los Verdes obtuvieron 84 escaños, la izquierda alcanzó 61, el partido de ultraizquierda BSW logró 34, y los liberales sólo aseguraron un representante en el Bundestag.
Para formar gobierno se requiere una mayoría absoluta en el Bundestag, que cuenta con 630 escaños. Con 196 escaños, la CDU-CSU de Merz necesita alianzas para alcanzar los 316 requeridos. Pese a la invitación pública de Alice Weidel para formar gobierno en conjunto, Merz descartó cualquier negociación con la AfD: "De ninguna manera hablaremos con ellos", enfatizó en su discurso la noche del sábado.
El ascenso de la AfD fue particularmente fuerte en los estados del este de Alemania, antigua República Democrática Alemana, mientras que la CDU-CSU mantuvo su fortaleza en Baviera, donde ganó todos los distritos.
A pesar de la sacudida política, la vida cotidiana en Múnich transcurrió con normalidad. En la Marienplatz, el corazón de la ciudad, la atención estaba puesta en el Bayern Múnich, cuyos aficionados llenaron las cervecerías celebrando la victoria de su equipo sobre el Eintracht Frankfurt, en una jornada que combinó tensión política con el entusiasmo del fútbol.
Fuente: El Financiero