Brasil
El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, de 79 años, ha demostrado una notable resistencia política tras su retorno a la presidencia en 2022, una elección histórica marcada por un margen ajustado. Sin embargo, su tercer mandato se ha encontrado con obstáculos considerables, desde una oposición radical hasta desafíos económicos y diplomáticos. Dos años después de asumir el cargo, su gobierno ha logrado estabilidad institucional y una recuperación del papel de Brasil en el escenario global, pero enfrenta dificultades para consolidar el crecimiento económico y sortear la oposición en el Congreso.
Desde su regreso al poder, Lula ha mantenido su papel central en la política brasileña, pero enfrenta una polarización evidente. Mientras el expresidente Jair Bolsonaro, su principal rival, permanece inhabilitado y bajo posibles cargos judiciales, Lula ha tenido que lidiar con una base de apoyo dividida. Encuestas recientes muestran que su gobierno cuenta con el respaldo de un tercio de la población, mientras que otro tercio lo rechaza abiertamente. Pese a ello, sigue siendo la figura con mayor proyección electoral, aunque con una alta tasa de rechazo.
En respuesta a estos números, el mandatario ha realizado cambios en su equipo de comunicación, buscando mejorar la percepción de sus logros. Además, la creciente propagación de desinformación en redes sociales, sin mecanismos de verificación en plataformas como Facebook e Instagram, es una preocupación clave para su administración.
En el ámbito diplomático, Lula ha impulsado la reintegración de Brasil en los foros internacionales tras el aislamiento durante el gobierno de Bolsonaro. En estos dos años, ha fortalecido alianzas en América Latina, África y los BRICS, además de reinsertar a Brasil en el debate global sobre el cambio climático. La reciente cumbre del G20 en Río de Janeiro consolidó su liderazgo en el Sur Global, con iniciativas contra el hambre y la pobreza. Sin embargo, su política exterior ha tenido tropiezos, como la fallida mediación en Venezuela y las tensiones con Argentina tras la llegada de Javier Milei al poder.
En términos económicos, el crecimiento del PIB por encima del 3%, la reducción del desempleo y el aumento del salario mínimo son logros importantes. Sin embargo, la inflación y la percepción negativa de la economía siguen siendo un reto. Expertos señalan que, si bien hay avances en estabilidad y reducción de la pobreza, el gobierno aún no ha logrado que la población perciba mejoras tangibles en su calidad de vida. La reindustrialización sigue siendo una tarea pendiente, al igual que la reforma agraria, mientras que el equilibrio fiscal sigue siendo una meta lejana.
La política ambiental de Lula ha sido ambivalente. Aunque ha logrado reducir la deforestación en la Amazonia y aumentar el financiamiento para proyectos climáticos, su insistencia en expandir la producción petrolera ha generado críticas. Su administración se enfrenta a la contradicción de liderar la agenda climática mientras promueve la exploración de hidrocarburos, lo que pone en duda su compromiso con la transición energética.
Uno de los mayores desafíos de Lula es la falta de mayoría en el Congreso, dominado por fuerzas conservadoras y aliados del bolsonarismo. Esta situación lo ha obligado a negociar constantemente con el Centrão, un bloque parlamentario pragmático y cada vez más inclinado a la derecha. En este contexto, las reformas progresistas han quedado en segundo plano, mientras que el capital político se ha invertido en acuerdos económicos, como la reforma tributaria.
La edad del presidente ha comenzado a generar debates sobre su continuidad en 2026, especialmente después de sus recientes cirugías. Aunque el tema de su sucesión sigue siendo un tabú dentro de su partido, la cuestión se vuelve cada vez más relevante en el panorama político brasileño. Con un escenario incierto y una oposición que busca consolidarse, Lula encara el segundo tramo de su mandato con el reto de fortalecer su legado y asegurar la estabilidad de su gobierno.
Fuente: El País